LA TEMPORALIDAD SIN PLAZOS Y A PLAZOS

Dicen que la escritura es la memoria del género humano. Pero no queríamos que la historia que nos ha seguido hasta aquí, fuera recordada por los hijos de nuestros hijos. No queríamos escribir en las paredes de este lugar en el que estamos de paso cómo hace quince años dejamos las armas porque un tratado de paz nos prometió la libertad y hasta la fecha, aún la esperamos.
Además, los de fuera ya han escrito lo que querían saber sobre los saharauis y nuestra tierra, nunca mejor dicho, prometida.  En los informes de Naciones Unidas, aparecemos como el último territorio africano “pendiente” de descolonizar. Para España somos la piedra con la que sigue tropezando cada vez que le recuerdan que nos abandonó a expensas de la legalidad internacional, en manos de Marruecos, y que sigue siendo potencia administradora de nuestro territorio. Para las ONG’s representamos un motivo para saldar la deuda moral de sus gobiernos. Las potencias mundiales no nos consideran tanto como a nuestro territorio: una región estratégica entre África y Europa para el tráfico de lo que sea y una mina que guarda los yacimientos de fosfatos y el banco pesquero más importantes del mundo. En el denominado tercer mundo, es difícil que sepan que existimos, bastante tienen con sus líos económicos y políticos. De los medios de comunicación, qué te puedo decir, somos noticia a ratos, cuando alguien sugiere que la paciencia tiene límites y que algún día podremos retomar las armas. Pero esto no pasa muy a menudo. A veces siento que en esta cuña de piedra y arena donde vivimos, no hay tiempo, será que el siroco también se lo llevó.
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Foto: Wilaya del Aaiun, campamento Tindouf, 2005

Mi nombre es Tagualo ¿sabes lo que significa? Larga vida. No me digas que no te parece familiar. Me gustaría que fuera lo suficientemente larga para vernos lejos de este lugar, porque algún día volveremos al Sáhara Occidental, algún día seremos libres.

Los saharauis que vivimos exiliados desde hace treinta años en esta parte del mundo, rompimos con las reglas y la lógica del sedentarismo: no nos asentamos aquí para aprovechar la fertilidad de la tierra. Y es que en la hamada argelina no hay tierra cultivable, esto es el desierto, lo llamamos tanezfout, “tierras de la sed”. También esa es la razón de que nuestras viviendas sean tan frágiles, por eso la haima -esas tiendas de lona que ves- sigue siendo nuestro techo.

¿Comprendes ahora el motivo de nuestra rabia? Mira ahora, por ejemplo, cómo quedaron los Campamentos. Hacía más de diez años que la lluvia no azotaba de esta manera la región, pero esta vez, en lugar de ser una bendición de Alá, nos ha traído la desgracia.

Las ONG’s que no han cesado de enviar ayuda, dicen que las lluvias de febrero fueron “una emergencia dentro de un estado de emergencia”. La mitad de los Campamentos ha sufrido daños considerables, las endebles viviendas de adobe, se vinieron abajo, y los alimentos nos llegan a cuentagotas.

Los programas de asistencia mundiales prevén refugios para las víctimas de los desastres naturales. Pero nosotros hemos aprendido a esperar, tenemos que hacerlo, porque no puede haber mejor refugio para un pueblo refugiado, que no sea su propia tierra.

¿Qué como se educa para la paciencia? Hay que partir de una premisa: nosotros somos un pueblo religioso, no somos extremistas, llevamos casi treinta años contra Marruecos y nunca hemos matado a un civil, somos un pueblo islámico, y en el Islam uno de los principios fundamentales es esperar, siempre y cuando tengas la razón, como eso que dicen “al que aguanta siempre le llega la sombra”.

No es que piense que sólo los infortunios son carne de carroña para los medios de comunicación, pero fuera de esto, parece que aquí nunca pasa nada. Porque ¿sabes? no basta con hacer descripciones de nuestros pueblos como las que hacen los investigadores que vienen aquí, para decir que ya lo saben todo de nosotros, eso queda claro, las cosas siguen cambiando, aunque sigan igual para los saharauis.

Nuestros niños crecen sabiendo que esto no es normal. Mucho menos si gracias a los programas de vacaciones el extranjero, han experimentado formas de vida en mejores condiciones.

Después de tantos años de cooperación internacional, nos hemos provisto hasta de lo impensable: placas solares para producir energía, material de construcción para nuestras viviendas, electrodomésticos, vehículos todoterreno, butano para nuestras cocinas. Pero no significa que perdamos de vista nuestra condición de exiliados.  Mira a nuestros jóvenes. Toda una generación fue auspiciada por los gobiernos de otros países afines a nuestra causa para realizar sus estudios, gobiernos como el de Cuba o Argelia. Pero cuando “tienen” que volver, sufren de impotencia ante la casi nula posibilidad de desarrollarse profesionalmente en un lugar en el que prácticamente viven maniatados por las condiciones del medio. Porque en este estado de emergencia del que hablan las ONG’s, lo único imprescindible son los médicos y los militares.

Ahí está el Luali, uno de estos jóvenes licenciado en filología en Cuba. Él es uno de los emprendedores del proyecto de la agencia de noticias del Sáhara Press Service y ha tomado la iniciativa de retomar la historia del pueblo en voz de los ancianos. Él, como el resto de los saharauis en los que el desencanto impera al verse expatriados en los Campamentos sin fecha de salida, reflexiona sobre la realidad de su gente: “El conflicto no es la libertad, sino demostrar que podemos vivir en libertad”. Y lo dice consciente de que, al margen de las condiciones que impone la geografía y el clima, con los medios propios de la organización y la ayuda internacional, los Campamentos Saharauis son considerados ejemplo de una estructura social consolidada y que se dinamiza cada vez más a través de las prácticas vigentes de la tradición beduina, como son el comercio. Los viajeros experimentados saben que ahí, en medio de la nada, se puede comprar azúcar, garbanzos, té, tabaco.

Del otro lado se disimulan los ánimos ante la intifada, hay demasiado en que ocupar la atención a nivel internacional: lo fueron las manifestaciones violentas en respuesta a la publicación de las caricaturas de Mahoma, la tensión por las declaraciones del gobierno Iraní tras su negativa de cesar el enriquecimiento de uranio para el uso “pacífico de su energía nuclear” y la alerta en occidente por el choque constante entre los sectores de la sociedad iraquí, afgana, paquistaní, así como las represalias encarnizadas entre un gobierno y otro en el enraizado conflicto palestino-israelí -¿te suena familiar?-.

Mientras, sin saberlo de viva voz, las manifestaciones de la intifada en la zona ocupada de nuestro territorio avanzan, y la lista de saharauis desaparecidos, detenidos, golpeados, encarcelados se ensancha cada vez más.

A veces es involuntario el hastío que nos invade en este abandono del desierto, como involuntaria es nuestra estancia aquí.

¿Que qué se espera? Mantenemos la confianza en que hay algo mejor que la guerra o que terminará imponiéndose la legalidad internacional. Porque si hay algo cierto es que esta situación es como un partido de fútbol: estamos jugando todos fuera de tiempo.

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