¡GUACKALEAKS!

La falta de información provoca hambre, pero el exceso de información provoca indigestión y muchas veces, náuseas. Y nosotros seguimos rehusándonos a bien comer.
Cada vez es más complicado atraer la atención mundial con escándalos tan ineficaces como lo fue la Gripe A y como lo es ahora la filtración de Wikileaks, en adelante cables W.
La reciente publicación de los cables W a los que “alguien” concedió el acceso a unos cuantos medios de comunicación, despierta sospechas respecto a los motivos para abrir la Caja de Pandora.
El desorden que el Orden Mundial estadounidense genera constantemente con maniobras aparentemente inocuas, y algunas, quizás las mayoría, subrepticias, refuerza, no sólo la repulsión de los ciudadanos, sino la desconfianza y la indiferencia.
A la fecha quedan pendientes de aclarar sucesos trascendentales como los ocurridos en el Sáhara Occidental, antes, durante y después del violento desalojo del campamento de protesta a las afueras del Aaiún, capital del Sáhara ocupado.
Descifrar las causas que motivaron la movilización militar y los ataques entre las dos Coreas, en medio de la tensa calma que impera en la zona y cuya amenaza despierta los escrúpulos de las potencias de occidente temerosas de una guerra nuclear.
Inquirir y cuestionar los procedimientos de las autoridades brasileñas durante la intervención antidrogas en las favelas, donde el saldo oficial de víctimas por los operativos de las denominadas Fuerzas de Élite asciende a 36, la mayoría jóvenes que murieron sin cargo, ni juicio, a sabiendas de que los verdaderos capos, evidentemente no residen en estos barrios pobres de Río de Janeiro.
Pero las agendas centran ahora su atención en revelaciones que ya no impresionan a la mayoría de los ciudadanos informados, teniendo en cuenta el precedente de su origen: las maquinaciones de la superpotencia estadounidense rebasan ya la imaginación de los más pervertidos y suspicaces.
Alguien dijo que “no todos los estadounidenses son ingenuos por la candidez con que asumen los abusos de poder por parte de sus autoridades, porque si a un estadounidense le das la información correcta puede hacer cosas muy interesantes”. El problema es que casi nunca tienen la información correcta. Y nosotros tampoco.
En medio de la vorágine informativa en la que nos desenvolvemos, pareciera que estamos perdiendo la capacidad de discernir cuándo la información es correcta, incluso puede que estemos imposibilitados para acceder a ella.
Si no son ellos o nosotros los que increpen estos abusos, ¿quién lo hará?

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