INSTRUCCIONES PARA RECIBIR LA NOTICIA DE QUE LOS REYES MAGOS NO EXISTEN

Inspirado en el Manual de Instrucciones de Julio Cortázar

De entrada este planteamiento se nos presenta como un absurdo, porque es ilógico decirle a alguien que siga las instrucciones para recibir una noticia que nunca esperó recibir, además de que al leer dichas indicaciones el afectado se enterará por adelantado de la noticia para la que se le pretendía instruir.
Al respecto sólo le sugerimos más ingenuidad, aunque parezca contradictoria la petición de ser ingenuo para dejar de serlo un poco. Esta situación nos permitirá fingir demencia al momento de recibir la noticia, para hacer sentir al adulto que la revele (que por lo general suelen ser los padres), el acostumbrado remordimiento de conciencia.
Si se logran los matices propuestos para enfrentar esta patética situación, se evitará alterar el orden natural de las cosas y todo marchará sobre ruedas, pues los verdugos de la conciencia, es decir, los padres, seguirán pensando que frustraron una de las ilusiones más importantes de la infancia, mientras usted, respetable lector, podrá jactarse y sentirse satisfecho porque pudo sobrellevar el impacto del desengaño valiéndose de los recursos esbozados aquí.
Este preámbulo, que pareció más bien mera verborrea sin sentido, pretende servir de marco referencial para el asunto que nos ocupa.
Después de semejante justificación, se proseguirá a explicar el procedimiento para recibir la noticia de que los Reyes Magos no existen.
Primero tendremos que hacer alusión a las circunstancias que anteceden a nuestro planteamiento, pues desde la infancia los adultos se encargan de saturar la mente de los más pequeños con una sarta de mentiras, que por fortuna el niño logra adherir a su imaginación en forma de fantasías.
Entre esta gama de ilusiones predomina la creencia de los pequeñines de que en vísperas del 6 de enero, día en que la Iglesia católica celebra la visita que hicieron unos reyes de oriente al niño Jesús, el escenario se repite y así como aquel memorable día ofrecieron al recién nacido oro, incienso y mirra, el Día de Reyes (como lo ha bautizado la mercadotecnia), se acostumbra obsequiar a los niños un juguete que ellos piden a los ficticios Reyes Magos.
Pues bien, resulta que cuando la economía familiar se ve lacerada por la ambición de los niños, los padres confabulan una forma de sesgar la ilusión que ellos mismos sembraron en sus hijos. Por este absurdo, optamos por responder a la agresión con otro absurdo, que ya explicamos al inicio de este instructivo. Y es que, como bien lo dijo el Principito, los adultos son tan vanidosos que sólo escuchan las alabanzas y no se preocupan por las posibles críticas o reproches que sus hijos expresen al momento del desencanto.
Ubicados ya en el contexto de nuestro problema, citaremos ahora sí, los pasos a seguir para ello.
En los últimos años los padres han dejado la responsabilidad de revelar la verdad de la inexistencia de los Reyes Magos a los amigos de sus hijos, de esta manera, sólo les corresponde corroborar la afirmación cuando se les pregunta ¿es cierto que los Reyes Magos no existen?
Pero en el supuesto de que no suceda así, es importante poner especial atención en el comportamiento de los padres, así como en sus conversaciones, pues este será el indicador que dé pie al segundo paso.
Cuando se note una actitud sospechosa, algo así como una pseudoconspiración madre-padre, entonces significa que la noticia está por llegar. Pero cuidado, puede ser que la noticia no sea la que ya se espera, sino que se trate del anuncio de la llegada de un nuevo hermanito.
De ser así, es importante tomar las medidas necesarias para evitar que sea presa del mismo juego del que usted amigo lector, fue presa.
Si entre las conversaciones misteriosas se escuchan frases como “no hay dinero”, “yo pienso que ya lo sabe”, “no creo que podamos comprarle lo que pide”, entonces puede estar seguro de que la revelación está cerca, más aún si se aproxima la tan ansiada fecha del Día de Reyes.
Dependiendo del carácter de sus padres, la noticia será dada de sopetón o con una serie de preámbulos demagógicos. De cualquier manera usted ya estará prevenido de que tiene que fingir su reacción.
Ellos comenzarán a dar una serie de explicaciones y usted, como si el golpe lo hubiera noqueado tendrá que permanecer a la expectativa.
Advertencia: se prohíbe llorar. Esta reacción podrá causar un efecto irreversible en la conciencia de los reveladores.
Puede ser que la respuesta a la noticia se mezcle con una ligera sonrisa, o bien que adopte una posición de seriedad y reflexión que desconcierte a sus interlocutores. Esto los orillará a pensar en una estrategia para suavizar la forma en que planearon desengañarlo, mientras usted se divierte y se mofa por dentro.
Por último, jamás revele que ya sabía que los Reyes Magos no existían, así la culpabilidad acompañará a los pater familias por un buen rato por haberle quitado la ilusión antes que yo.

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