Contra el sistema, desde el sistema

Es posible que sean los indicios de la decadencia del capitalismo o sólo se trate de éste en su versión más bizarra, hardcore, la visión in extremis, apoteósica, salvaje.
Un día como cualquier otro en Barcelona, caminando hacia el Portal del Ángel: un despliegue de Mossos antidisturbios apostados en la bocacalle listos para repeler ¿el ataque? ¿de quién? De un grupo de manifestantes -contra el Plan Boloña, la Reforma Laboral, el Recorte Sanitario, el incremento en la edad de jubilación, la vivienda, el empleo precario- sobran los motivos.

A pocos metros del bullicio que provocan las sirenas, los gritos, el ruido de los motores, el helicóptero sobrevolando la zona, la tensión se alivia un poco en medio del ambiente generado por tres chicos que tocan una especie de new age hindú, (los cuadros de deidades hindúes a su alrededor, denotan que están inspirados en esta cultura).

Sobre la misma calle, un grupo pro defensa de los animales extiende panfletos a los transeúntes desde su mesa, donde cuelgan carteles que muestran el maltrato a los animales con mensajes condenatorios a las malas prácticas en todo el mundo.

De las tiendas de esta abarrotada calle comercial del centro barcelonés entran y salen compradores compulsivos o no, pero dispuestos a perpetuar la esencia del sistema.

Para los cientos de turistas que también concurren en esta zona peatonal, la imagen no puede ir más allá de un souvenir o una anécdota de su visita sistemáticamente vacacional.

Y mientras a unos cuantos pasos la policía permanece encaramada, dispuesta a defender al sistema, algunos salen a manifestarse según los parámetros que dicta el sistema; otros piden limosna, según las excepciones del sistema. En tanto, con la imagen en la mente de una pancarta que versa “no somos antisistema, el sistema es antinosotros” yo sigo mi camino hacia el trabajo, por el que subsisto y también, desde luego, subsiste el sistema.

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