Amnesia

Sigue de pie y parece que nadie lo advierte. Si no fuera porque tenía el bastón en la mano para sostenerse, los empellones ya lo hubieran doblegado.

Es extraño, porque el mundanal gentío va y viene, erosionando la piel de uno de los brazos más fuertes del mar barcelonés. Estamos en la Rambla.

Sólo un perro, ése chow chow de la señora regordeta que va pasando, lo olfatea. Él siente que lo están husmeando, pero a decir verdad, el animal percibe el breve aroma de la sangre que manchó su pantalón.

No recordaba que hacía tres días un coche lo había atropellado con tanta violencia, que el vehículo en su huida, se llevó los últimos sesenta años de su extinta vida.

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