SEDUCCIONES

Se contoneaba con una cadencia seductora, casi hechicera. Yo estaba allí, nervioso, observándola en una especie del cotejo sagrado. Era perfecta, con ese misticismo que ellas y sólo ellas inspiran. Mientras tanto sentía cómo me penetraba con la mirada. Cualquiera que me hubiera visto pensaría que era un tonto, porque no sabía qué hacer. Estaba en un estado de completa excitación, y así, sin más se inclinó con vehemencia hacia mi. Sentí un calor abrazador en la entrepierna. No tardé en quedar paralizado por completo. Entonces comprendí que su veneno era mortal.

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