BAZARES PARA EL ABURRIMIENTO

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El ambiente kitsch, churrigueresco, bizarro –o mucho de los tres- distingue el exterior del vertiginoso mundo de los bazares chinos.

Una dependiente de origen chino vigila la entrada. Es muy joven, aunque es muy probable que aparente menos edad de la real.

Un anciano, también de origen chino, se mantiene de pie en el estrecho vano de la entrada, donde ya se observan algunas plantas de utilería y adornos navideños. Podría ser el padre de la cajera o posiblemente, el dueño.

Con un gesto amable y apacible un par de empleados inspeccionan con disimulo a los clientes que merodean el bazar. Será la intuición o la experiencia de los años, pero saben en qué momento hay que prevenir los hurtos menores en la tienda.

Qué pensaría Marco Polo si viviera en la época actual y se internara en el submundo de éstos denominados “Todo a 100”. Aunque no experimentaría tantas emociones fuertes como en sus viajes, sin duda adentrarse en uno de éstos sitios hubiera sido un acto digno de aparecer en su bitácora.

Siempre me ha impresionado la posibilidad de encontrar en un solo sitio todo tipo de enseres y accesorios, desde sombras de ojos, pinta uñas, quitaesmaltes, rímeles, bisutería, guantes, bufandas, broches para el cabello, peines y cepillos, pantimedias, zapatos, ropa, toallas, manteles, alfombrillas, almohadas, sábanas, cubrecamas, cubiertos, platos, vasos, tazas, ollas, sartenes, cafeteras, portarretratos, libretas, folios de colores, papel para regalo, bolsos, gomas de borrar, bolígrafos, lápices de colores, cola blanca, pinturas, velas, incienso, jabones y demás productos de limpieza, papel de baño, perchas, pinzas para la ropa, herramientas, apagadores, cables, bombillas, enchufes, cd’s, dvd’s, pegatinas, recipientes de plástico, cestos, relojes, juguetes, artículos de utilería y decoración, llaveros, mecheros, ¡uff!… Lo imprescindible y hasta lo prescindible está a la venta en los “Todo a cien”.

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Llegar a uno de éstos bazares chinos urbanos implica aventurarse, imaginar, y alegrarse, porque siempre hay cosas que por muy insignificantes que parezcan, siempre nos sorprenden, como la famosa y omnipresente estatuilla del “gato chino de la suerte” (aunque su origen en realidad es japonés) que no cesa de mover la pata izquierda como invitando a los clientes a entrar. Ir al bazar, es como visitar un jardín botánico, pero con una gran cantidad de “especímenes” industriales.

Resulta un cliché incluso lingüístico expresarnos de cierta manera cuando necesitamos cualquiera de estos artilugios. Que se fundió la bombilla del baño…“vamos con los chinos”. Necesitamos folios blancos o de colores… “con los chinos”. No tengo CD’s o DVD’s… “voy con los chinos”. Sin ningún afán peyorativo, consciente o inconscientemente, nos remitimos a estos almacenes para solucionar algunas nimias ausencias de nuestra cotidianidad.

Es común encontrar deambulando por los bazares chinos a los abuelos, curioseando, hurgando, reconociendo, mirando. La saturación de cosas puede llenar algunas vidas vacías, aunque sea durante esa particular visita consuetudinaria.

Estos denominados “Todo a 100” son sitios de comercio a gran escala, extendidos en diversas urbes y poblados del planeta. Y lo mejor (para muchos lo peor) a un precio bastante asequible. No cuestionaré la pericia de los chinos para las imitaciones, lo inocuo o nocivo de algunos productos, o su dudosa calidad, porque si bien es cierto, a éste tipo de comercio se debe la democratización de diversos artículos que antes eran considerados de lujo o exóticos; existen además, varios productos “de marca” sujetos a los más altos estándares de calidad, que también son manufactura china.

Los Todo a 100 se originaron y popularizaron gracias a la inmigración china, como una suerte de expansión del hábito y los mecanismos productivos heredados del régimen socialista y de la posterior revolución cultural maoísta: “en el trabajo del proletariado se consigue la plena sabiduría”. No es exacta la frase, pero era el afán de Mao Tse.

Sabios o astutos, lo evidente es que los chinos seguirán produciendo, y bastante.

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