AÚN SIN RING

 

por María Esther Guzmán

Tu menuda estatura no disminuye en absoluto los ánimos que algunos creen caídos. Hay algo, quizás la pasión por el deporte de los puños cerrados, que como impulso vital te mantiene al frente de uno de los ocho clubes que integran la Asociación Michoacana de Boxeo. No bromean los que te conocen al comparar ese ímpetu con el del conejo Energiazer, porque sigues, y sigues, y sigues.

Tampoco creería eso de que llevas el deporte en la sangre de no ser por tu trayectoria escrita como beisbolista, atleta, levantador de pesas, luchador, torero, músico (el deporte de la voz) boxeador y, en consecuencia, formador de futuros púgiles hasta la fecha, aún ante la falta de apoyo que has reclamado, para este deporte.

La sorpresa resulta mayor cuando se sabe, que a los 82 años, el nombre de Salvador “El Chato” Ávalos suena todavía entre el boxeo michoacano, al que has mantenido vivo durante las casi cuatro décadas que tienes como entrenador.

A las siete de la noche será hora de dirigirte al IMDE, para dirigir el entrenamiento acostumbrado de doce aguerridas jovencitas y ocho pugilistas. Saldrás del depósito que tienes en casa como colchón de tu economía, a paso lento, pero seguro. Queda tiempo de sobra antes de que te vayas.

Comienzas entonces la historia de tu historia.

 


Busca los anteojos, carraspea y coloca sobre la mesa el álbum de sus recuerdos al que llama “su currículum”.

No es necesario preguntar, inicia su relato con el reclamo por la falta de un ring, que desde la época de Cárdenas ha pedido para entrenar él y sus chamacos. Después de algunas gestiones el presupuesto fue aprobado, pero a varias décadas de insistencia, en los entrenamientos el cuadrilátero sigue brillando por su ausencia.

Al abrir la carátula del álbum los recortes de periódicos saltan a la vista con encabezados que hablan sobre la conformación de la Asociación Michoacana de Boxeo, los triunfos de sus discípulos convertidos en boxeadores reconocidos, las reseñas por su larga trayectoria, y uno en particular detiene el recorrido de la mirada: “En crisis el boxeo michoacano”.

“El Chato” lamenta que algunos de los entrenadores de los clubes que integran la Asociación fueron sus alumnos y ahora ni se acuerdan de qué tronco fueron tallados. Es una de las razones que mantiene dividido al boxeo michoacano.

Con la serie de fotos en el álbum vienen también los buenos recuerdos, desde que “El Chato” inició su carrera como boxeador, hasta que se consagró como entrenador en el deporte de las orejas de coliflor, llamado así por la apariencia que adquieren –las orejas- tras los continuos golpes.Sin importar que sea concebido como un deporte rudo, no apto para mujeres, “El Chato” se dedicó a entrenar por vez primera en la historia del boxeo estatal, a dos jovencitas, que con el paso de los años, serían promesas nacionales en este deporte siendo consagradas a nivel profesional en ésta área.

Se hincha de orgullo cuando habla de los campeones que se forjaron con sus enseñanzas, entre ellos Raúl Escutia, quien fue campeón nacional en 1975, Martín Chávez Hernández, a quien considera uno de sus mejores discípulos y quien fuera seleccionado nacional a principios de los 80’s, así como los hermanos René y Ricardo Arredondo, éste último consagrado campeón a nivel mundial.

Platica como si cada palabra reviviera en las imágenes de la fotografías que revisa, y cada letra fuera parte de los gritos y chiflidos que abundan en una pelea, como aquella cuando fue campeón de los Guantes de Oro en 1978, o su primer embate a los 24 años, contra “El Cantinflas”, a quien venció por nocaut.

Durante los 12 años que se mantuvo como monarca del ring, se enfrentó a boxeadores como Enrique Ortiz, “Baby” López, “El Tony” Valdés y Alberto Domínguez, a quien consideró su rival más fuerte en su breve carrera boxística.


La denuncia es intermitente en el discurso. Sostienes que tu interés no está en formar boxeadores que gasten su vida por el dinero. Buscas el box, por el box, el deporte por el deporte, porque los que entrenan lo hacen por necesidad, no por gusto.

Todavía no comprendes cómo fue que la pasión por el boxeo se apoderó de tí, aseguras que no te complacen la publicidad, ni el dinero y concluyes diciendo que te hubiese gustado llegar a ser tan buen boxeador como el Kid Azteca o el Ratón Macías, pero en especial como Gabriel Arias, quien te formó en el cuadrilátero, junto con “El Chato” Uribe, y Efrén Chávez “El Gorila”, dadores de la experiencia que continuarás transmitiendo a los chamacos que aspiran a colocarse los guantes con los se jugarán en cada round la voluntad, la destreza, el coraje y el orgullo de imponerse a su contrincante para decir que ellos son y seguirán siendo, con o sin ring, los invictos de este deporte de puños cerrados, pero a corazón abierto.

(Publicado el 9 de marzo de 2003 en el diario Cambio de Michoacán)

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