POBRES, EXCLUIDOS, INADAPTADOS….

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“La verdadera medida de una civilización
es la manera en la que trata a sus miembros más débiles”
R.W.Emerson

 

En cierta ocasión, conversando con una de las personas responsables de la planificación de Emaús, le cuestionaba respecto a los objetivos de las políticas para paliar la pobreza. ¿Y si en algún momento se pensaran estas políticas con la finalidad de erradicarla, aunque ello implique que entidades como Emaús reconfiguren su actividad? De lo contrario parece que todo va encaminado a mantener el status quo. Esta persona me respondió algo más o menos como que la pobreza siempre va a existir porque es una categoría inherente al capitalismo.

En Europa, de manera retórica se introducido el término “exclusión”, para referirse a la población que vive en condiciones de pobreza, como si se tratara de una palabra vergonzosa en medio de la maquinaria de pobres en que paradójicamente se han convertido los países herederos del capitalismo. No puede haber pobres, puede haber inadaptados, algo como los famosos “olvidados” de Buñuel. Para ello el Estado se erige como ente benefactor en situaciones de miseria, ignorancia, necesidad, enfermedad, discapacidad, desempleo (o todas las anteriores).

A partir de esta nueva denominación, el Estado de Bienestar opera para re-incluir a esta parte de la sociedad a través de políticas de inclusión social en medio de los cambios profundos que se están desarrollando a partir de la conceptualización del tema de la pobreza en los países económicamente más favorecidos, lo que determina las estrategias para combatirla, así como los límites de los mecanismos de la “inclusión”.

Innegablemente, exclusión y/o pobreza son fruto de procesos dinámicos siempre asociados a la estructura económica, a la configuración del mercado de trabajo y a los cambios sociales de un país. Las causas de la pobreza son estructurales y por tanto evitables desde una lógica de justicia social y distributiva, así como desde el liderazgo responsable de las administraciones1.

Al respecto, el especialista en políticas públicas Vicenç Navarro advierte que el estudio de las desigualdades no es un tema frecuente o bien conocido en los análisis que se centran en la eficiencia y eficacia de los llamados “mercados”. Y ello es consecuencia de que los propietarios y gestores del capital, máximos beneficiarios de estos conocimientos, no quieren que se conozcan las causas y consecuencias de su riqueza.

Mientras que desde el modelo de clases sociales, la explicación de la miseria del proletariado se basaba en la denuncia hacia una clase social, el modelo de exclusión permite designar una situación negativa, pero sin pasar por la denuncia2.  Se diluye así la carga política que mantiene la acepción de la pobreza, inmunizando el término y su implicación en las relaciones de subordinación que ejercen las clases apoderadas.

El factor que incide en mayor medida en la adopción y reconfiguración de las políticas de inserción social es el desajuste cada vez más acelerado del mercado laboral, ya que la retórica de la exclusión no admite el factor explotación, porque ésta se suele dar sobre todo en el campo del trabajo, mientras que la exclusión se caracteriza sobre todo, por el hecho de estar privado de éste.

Por tanto, las políticas de inserción para la integración aplican otras estrategias, una vez que el papel integrador del empleo parece haberse perdido. Estas políticas así como las estructuras diferentes que se han puesto en marcha para combatir esta situación, se sitúan en un marco intermedio entre las políticas de empleo y las políticas sociales tradicionales y tienen como objetivo ya no el empleo directo, sino el mantenimiento de la ocupabilidad o empleabilidad como objeto de las políticas individualizadas y, desde esta perspectiva, la inserción ya no se concibe como una etapa transitoria entre el paro y el empleo sino que se instala de manera duradera; ya no es una etapa, sino para muchos expertos esta situación se convierte en una situación definitiva3.

La lucha contra la exclusión social caracteriza así el modelo social modernizado y éste se vincula a un Estado Activo de Bienestar, que recompensa el trabajo, promoviendo así la integración social e incentivando aún más la competitividad en lugar de la cooperación. El empleo se convierte de nuevo en la única forma de integración, aunque dista mucho de ser la única solución como señalan distintos analistas ya que la dinámica laboral se convierte frecuentemente en factor de exclusión, al grado que se denomina a la nueva clase social trabajadora como precariado.

Es a partir de esta circunstancia desde donde se perfila la tendencia al desmantelamiento del Estado de Bienestar, cuando los lazos de solidaridad se rompen desde la lógica mercantil de la exclusión. Si antes la propia sociedad tenía que articular mecanismos para que los individuos estuvieran integrados, ahora será el individuo el núcleo de intervención sobre el que realizar cambios que le permitan insertarse en la sociedad.

Por una parte, las políticas de inclusión se presentan como una palanca positiva para la integración efectiva, frenando, y modificando la actual desestabilización y desestructuración del asalariado, pero también constituyen una nueva forma de control y de rechazo a aquellos a quienes nuestra sociedad ya no otorga el reconocimiento social y/o profesional. Estos cambios son sustanciales dado que en esta operación se produce un desplazamiento de la responsabilidad con respecto al problema de la exclusión social4.

Mientras el modo de producción del capital, dominado por su lógica financiera contra la economía productiva, siga basado en la concentración y acumulación de riqueza, la posibilidad de distribución estará también relegada. En este contexto, las políticas y los programas redistributivos del Estado alimentan ese modelo capitalista y hacen que los pobres quizás puedan consumir más y se integren mejor al mercado, pero sin dejar de empobrecerse5.

Éste será un país atrasado y socialmente desfragmentado, en tanto no seamos capaces de desterrar definitivamente viejos patrones culturales que visualizan la pobreza como un hecho inevitable y a quienes la padecen como responsables últimos de la misma. Hay que denunciar los patrones de la ideología neoliberal, para los que la pobreza es un efecto colateral del enriquecimiento selectivo, que puede paliarse con políticas asistenciales de baja intensidad y actuaciones filantrópicas de gran calado mediático, de las que además, puede obtenerse una buena dosis de rentabilidad social (mercado de la pobreza). Es preciso considerar la pobreza y la exclusión como situaciones a la que se llega o en la que se nace. No como situaciones que las personas eligen para vivir6.

Cuando se cuestiona el intento de neutralizar el movimiento de los excluidos al considerarse como un objeto (de las políticas públicas, del estudio social, de la economía, etc) y no como un actor social cuya movilización colectiva tiene efecto transformador, evoqué una tira del siempre vigente Quino, titulada: “Por querer acaparar el Sur, hemos perdido en Norte”. En la tira Mafalda reclama a su amiga Libertad que está colocando al revés un mapa. “¿Al revés respecto de qué? La Tierra está en el espacio y el espacio no tiene arriba y abajo. Eso de que el hemisferio norte es el de arriba es un truco psicológico inventado por los que creen estar arriba, para que los que creemos estar abajo, sigamos creyendo que estamos abajo. Y lo malo es que si seguimos creyendo que estamos abajo, vamos a seguir estando abajo. ¡Pero desde hoy san se acabó!”

1 RC/HM. Pobreza y rentas mínimas en España y la Unión Europea. CCOO, 14/febrero/2013. Online:

http://blog.ccoo.es/gallery/34/pobrezayrentasminimas.pdf . Pág. 31

2REDONDO, Dolores. Las políticas activas de inclusión social. 2008. Documento online: http://pendientedemigracion.ucm.es/info/ec/ecocri/cas/Dolores_Redondo.pdf . Pág. 5

3Gazier, Alauf y Castel, citados por Dolores Redondo op cit. Pág.8

4Íbidem. Pág. 17

5José Sánchez Parga, El estado de Estado en la actual sociedad de Mercado, revista Nueva Sociedad Nº 221

6RC/HM. Pobreza y rentas mínimas en España y la Unión Europea. CCOO, 14/febrero/2013. Online:

http://blog.ccoo.es/gallery/34/pobrezayrentasminimas.pdf . Pág. 31

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