ASFIXIA POR TERROR

asfixia

Cuando supo la noticia se alegró de su muerte. Incluso fue incapaz de disimular la sonrisa burlona que dibujó su semblante. Aquella noche, mientras dormía una cuerda hecha de papel higiénico se le iba enredando al cuello. De inmediato sintió el roce y se despertó de golpe. Era tanta su desesperación que comenzó gritar y a disculparse, pero el miedo le impidió siquiera reaccionar para darse cuenta de que era sólo papel higiénico y que podía tirar de él sin lastimarse. ¡Lo siento, lo siento, lo siento! -gemía-. En tanto, la soga continuaba enredándose y se apretaba por sí sola provocando que se retorciera intempestivamente como si eso cesara la presión ficticia que lo haría quedar paralizado, asfixiado por el terror más absurdo.

 

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