CRÓNICAS DE RAMALA

francotirador

Entre 1997 y 2002, el periódico Haaretz -el principal diario liberal israelí- publicó unos quinientos artículos y columnas de opinión escritos por Amira Hass, la primera y única corresponsal que vive con la gente sobre la que informa. “Se me ha llamado “corresponsal para asuntos palestinos” -suele comentar- pero sería más exacto decir que soy una especialista en ocupación israelí.” Sus historias nos hablan de cómo la confiscación de tierras, la construcción de carreteras de circunvalación y la expansión de asentamientos no sólo prosiguieron sin tregua durante el “proceso de paz” sino que se aceleraron, como un componente esencial de la lógica israelí respecto a los acuerdos de Oslo. De cómo, en 1997, cuando comienza la narración, esas “realidades de hecho”, impuestas de forma unilateral por los israelíes, habían frustrado ya la posibilidad de llegar a un acuerdo viable para una situación definitiva (en forma de estado palestino independiente basado en las resoluciones de la ONU), prevista para 1999. De cómo el gobierno autónomo provisional palestino, plasmado en la Autoridad Palestina, engendró corrupción política, violaciones de los derechos humanos y civiles y desigualdades económicas, debido en parte a los dictados israelíes y, en parte también, a un liderazgo palestino negligente que, sin embargo, se topó siempre con discrepancias internas y peticiones de reforma y democratización. De cómo las medidas israelíes de confinanmiento, con sus criterios siempre cambiantes, transformaron el paisaje social, económico y político de las relaciones entre Israel y Palestina hasta el punto de que, tras una década de “separación” (en forma de un sistema de pasaportes complicado y degradante), el confinamiento se convirtió en la característica más destacada de la vida palestina, pero también modificó profundamente las relaciones entre israelíes y palestinos. De cómo la Intifada, tras estallar en respuesta a las situaciones que acabamos de describir, se degradó rápidamente hasta convertirse en un conflicto armado asimétrico entre un puñado de militantes desesperados y desencaminados y un ejército que utilizaba una capacidad mortífera sin precedentes y unas tácticas de intensidad creciente contra objetivos en gran parte civiles…

Versión estenográfica de la entrevista publicada en el diario Haaretz el 20 de noviembre de 2000 (P. 96-108)

Soldados como él se pueden encontrar en cualquier puesto militar de Cisjordania o Gaza. Pero nuestra reunión tiene lugar en una ciudad israelí. Su edad es la misma que la de muchos de quienes se enfrentan a las FID (Fuerzas Israelíes de Defensa). Es bondadoso y tímido, pero franco, y prefiere las asignaturas humanísticas. Si no vistiera uniforme, podríamos pensar que iba de camino a la India o a Sudamérica.

“Las normas para disparar cambian a diario, en algunos casos varias veces al día -dice-. Todos los días antes de salir, definen las normas para abrir fuego, que varían de un lugar a otro. Hay lugares donde son menos severas. Se nos ordena que seamos muy selectivos, muy precisos, y que si disparamos, lo hagamos después de habernos contenido suficientemente. También depende del día. Tras el linchamiento1, por ejemplo, las normas para abrir fuego fueron menos rígidas que el día anterior. pero en general se nos exige contención. La gente tiene, al parecer, la impresión de que me gusta apretar el gatillo, pero es al revés. Me alegro de que las normas sean moderadas.”

Amira Hass: ¿Cómo se sabe que son moderadas?¿Cuáles son los criterios?
Soldado: Los tiradores de primera reciben órdenes precisas para abrir fuego: a la gente que lanza cócteles molotov se le puede disparar a las piernas; pero a quienes empuñan armas, a la cabeza.

AH: ¿Les proporcionan cámaras de video?
S: Lo llaman equipo de documentación, y procuran además que se fotografíe a cualquier persona muerta. La fotografía confirmará que no tenía menos de doce años y que empuñaba un arma.

AH: Entonces ¿son falsas las cifras de los palestinos?
S: Me resulta difícil decirlo, pero puedo recordar algunos incidentes en los que no teníamos duda de haber disparado contra un adulto y se nos preguntó por radio si estábamos seguros de que lo era; rezamos para que el soldado encargado del equipo lo hubiera filmado, pues (los palestinos) estaban ya diciendo que habíamos tirado contra un niño. Es posible que hagan afirmaciones falsas, pero también hay casos en que se mata a un niño por algún error estúpido de un soldado, y no he oído que ellos (las FID) lo den luego a conocer.

AH: ¿Qué es un error? ¿Que se mueva el fusil?
S: Por poner un caso, alguien dice a las otras fuerzas que ha identificado un sospechoso: “Hemos identificado a un muchacho que está realizando movimientos extraños”; tal vez quiere coger una piedra, o algo parecido. El que lo ha identificado pide permiso para disparar en esa dirección. El mando destacado, el Comandante de la brigada, se niega categóricamente a darlo, pero el otro sigue pidiéndolo, así que el comandante dice: “Si crees que es muy sospechoso, haz un disparo de advertencia”. Los disparos de advertencia se hacen a veinte metros y en zona abierta. Luego, una investigación posterior da como resultado que el tirador vio la cabeza de la persona por una mira telescópica, puso cinco metros y el viento…el rifle no estaba apuntado correctamente y le dio en la cabeza.

AH: ¿Sabe cuántos niños han matado?
S: No. Si lo preguntamos, nos lo dicen. Y en algunos lugares dan cifras sin que las pidamos.

AH: ¿Y sabe cuántos han matado en total?
S: No. He oído diversas cifras en distintos lugares, pero no firmaría por ninguna.

AH: ¿Y cuántos niños?
S: No puedo calcular los niños que han matado.

AH: ¿Cómo explica que haya personas que han recibido disparos en la parte superior del cuerpo? ¿Se necesita una habilidad especial para dar en el blanco?
S: Disparamos de manera muy selectiva. Tiramos contra todo lo que se lo merece, al menos en el 90% de los casos. Es decir, contra cualquiera que lance un cóctel molotov y pueda matar a alguien; si tiene un cóctel, le disparamos. No lo hacemos con armas automáticas sino con rifles de precisión, que en la mayoría de los casos no son de gran alcance. Desde doscientos metros, un francotirador no tiene problemas para acertar en la cabeza; y desde luego, si apunta a la cabeza- a la parte superior del cuerpo-, no hay problema. Los cócteles molotov sólo son peligrosos para los soldados que van en jeep a una distancia de veinticinco metros.

El francotirador es como un piloto: su trabajo es muy limpio y seguro, a menos que haya cerca otros francotiradores, pues en ese caso resulta muy peligroso. El verdadero riesgo para un tirador de primera es otro como él, un francotirador palestino. Y los tienen. Hay, incluso, algunos que no son malos. Si dispones de un arma y una mira, tienes el 50% de posibilidades de dar en el blanco. En esta guerra, las distancias son cortas. La destreza del tirador de primera se mide en un alcance de quinientos a seiscientos metros: quien acierta a esa distancia es un auténtico tirador de primera.

AH: ¿Y cuándo se adquiere esa destreza?
S: Aunque no nos hayan dicho que lo hagamos, los tiradores de primera procuramos buscar con especial atención los lugares donde podría haber otro francotirador: casas y ventanas, pues ahí se encuentra el verdadero peligro. Lo que también da miedo son las balas perdidas. Esa gente no apunta bien al disparar. Aunque sí que tememos a la policía palestina. De momento actúan sin recibir órdenes y, sencillamente, tienen una preparación mejor. Los tanzim no han recibido instrucción, y a veces, cuando informan por radio sobre “tiroteos cruzados” nos da la risa. Los tanzim no son la policía palestina. La policía sabe cómo disparar a un blanco y tienen armas precisas y fiables.

Debo decir que las FID están preparadas para los tumultos actuales. Recuerdo que, unos dos meses antes de que todo comenzara, no pensaba así. Me sentía feliz y optimista por la elección de Barak, por el posible avance de las negociaciones. Luego tuvimos un debate con nuestros comandantes, que preveían posibles disturbios. Nos dijeron que Arafat había aprendido de Israel que crear un Estado por la fuerza y con la muerte de muchas personas es algo bueno porque transmite valores: refuerza al líder y proporciona ideales a la gente -un espíritu de cuerpo- como los que tenemos nosotros después de tres guerras, cuando nos atacaron siete ejércitos. Esperaban que ocurriera algo, pero no sabían si se iba a tratar de una guerra de alborotos o de manifestaciones. Tenían la esperanza de que fueran manifestaciones, pero estaban preparados para la posibilidad de que estallase una guerra. Hay planes de emergencia que detallan con exactitud que´sucederá si ellos deciden ir adelante y ocupar de nuevo los territorios que les devolvimos e instaurar un régimen militar como en la década de 1950, o algo parecido. Es algo terrible, desde luego. Hasta yo, un simple soldado, he oído hablar de esos planes.

AH: ¿Recuerda cómo comenzó todo?
S: Mi padre se enfadó mucho con Sharon por su visita a la montaña del Templo. Yo pensé, sin más, que se trataba de un episodio corriente.

AH: ¿No sabía usted que aquel viernes mataron a cuatro personas en las mezquita y a otras dos más cerca del hospital al-Muqassad?
S: No, no lo sabía. Creo que uno se hace soldado desde el primer día. Eres tu mismo hasta el primer día. Eres tú mismo hasta el primer día del servicio militar, y el último día vuelves a serlo: recuperas tus opiniones políticas. Desde mi punto de vista, la mayoría de los sentimientos judíos situados al otro lado de la frontera de 1967 no son importantes. Pero en estos momentos eres un defensor, y un defensor al cien por cien, y esa gente es muy importante para ti. Como israelíes tenemos que decidir basándonos en líneas claras, pues si disponemos que no vamos a devolver los asentamientos, entonces a nosotros, los soldados, nos resultará mucho más fácil luchar. En este momento estoy seguro de que Arafat también lo sabe.

AH: Alguien que se dispone a lanzar un cóctel molotov no para de moverse; ¿cómo apunta cuando una persona se mueve constantemente?
S: Depende de la distancia. A cien metros no es difícil, y también lo practicamos; además hay blancos fáciles, todo depende de la distancia. A quinientos metros sabes ya que no debes apuntar a la cabeza sino al centro del cuerpo, pues es más sencillo, y también tienes que tener en cuenta el viento y el factor de desviación. Pero a cien metros, el disparo es casi aséptico, muy fácil. En Líbano, un tirador de primera tenía que estar mucho más entrenado; las distancias oscilaban entre setecientos y mil metros.

AH: ¿Es fácil disparar a la cabeza?
S: Sí. Sus muchachos, incluidos los que lanzan cócteles molotov e incluso quienes disparan, se detienen de forma instintiva, piensan un momento dónde lanzar el cóctel o disparar, y esa pausa da al francotirador cinco o seis segundos, así que no hay problema. Si el individuo se detiene, no es difícil acertarle en la cabeza, aunque estés lejos.

AH: Detrás de los jeeps suele haber alguien con rifle. ¿Es el tirador de primera?
S: Esas personas suelen disparar balas de goma

AH: ¿Y qué clase de balas dispara usted?
S: Los tiradores de primera disparan balas mortales; de calibre mayor que las de un M16, y de calidad superior a las de un subfusil.

AH: Los palestinos dicen que las FID disparan con alta velocidad inicial. ¿Lo hace también usted?
S: La velocidad inicial no es tan alta; menos que la de un M16 corriente. La cuestión está en que la velocidad sea precisa. La bala de un francotirador mata si da en el cuerpo. Se trata de balas “encamisadas”, con una envoltura de metal. Las balas normales no llevan la punta encamisada, y eso afecta a su aerodinámica. El aire desgasta un poco el plomo en la parte no encamisada, igual que erosiona una montaña; se introduce gradualmente en la bala y altera su dirección. Eso no ocurre con las balas de los francotiradores.

También es importante la propia arma: es necesario que no haya nada adherido a la boca. Lo ideal sería que todo tirador tuviera a su lado a alguien con prismáticos para apuntar.

AH: Pero usted, por supuesto, también puede ver.
S: Por la mira telescópica ves si has acertado a la persona, pero no dónde ha dado la bala exactamente. El que realiza el trabajo de apuntar sí que puede verlo. Unos prismáticos normales te permiten ver las reverberaciones que dejan las balas, el polvo, el estaño; luego, el apuntador te dice que has acertado a las dos en punto a sesenta centímetros de la persona. Si el francotirador no da en el blanco con la primera bala, el segundo disparo es un tiro casi seguro.

AH: ¿Le dicen que apunte a la cabeza, o eso lo decide usted?
S: Cuando le dicen a un tirador que dispare, la intención ha de ser que lo haga a la cabeza, pues cuando un francotirador dispara lo hace para matar. A menos que se trate de un individuo concreto a quien se ha de disparar a las piernas siguiendo instrucciones, cosa que también se pide a los tiradores aunque en esta guerra no ha ocurrido muy a menudo.

AH: ¿Por qué no se han dado situaciones así?
S: Hay una directriz que ordena disparar sólo a las personas que están poniendo claramente en peligro alguna vida. Eso reduce el número de disparos de las FID y la cifra de heridos. aunque es posible que incremente el número de muertos. De momento, las FID están esforzándose mucho por no disparar, por no matar, por dejarles que se manifiesten un poco, debido, quizá, a algo que nos dijeron unos dos meses antes de comenzar todo esto: que dejáramos a Arafat celebrar sus manifestaciones a fin de no darles un pretexto, a él y a los países del entorno, para declarar la guerra.

AH: ¿Existe algún peligro de que los francotiradores rivalicen por ver quién dispara más?
S: Entre nosotros, no. Alguien me habló de cierto puesto donde los más veteranos se enfadaron porque los más novatos no se dominaban. Estaban ansiosos por disparar. Pero yo mismo, que antes de entrar en el ejército decía que iba a procurar con todas mis fuerzas no disparar…Si estás allí, con el arma, y sales de emboscada, es terrible decirlo, pero esperar que haya algún resultado. Estás sentado allí, de noche, y resulta muy aburrido, te sientes muy cansado y tu última esperanza consiste en atrapar a esa gentuza y darle una lección.

En cierto lugar vinieron los veteranos a sustituirnos y no podían creer cuánto disparaban los novatos. En cuanto te echan el alto, tienes que dejar de hacer fuego de inmediato. Pero aún les costó un minuto dejarlo, por sus ansias de disparar. Este tipo de cosas son las que, en mi opinión, debilitan a las FID: la falta de contención. Hay incluso soldados que disparan balas de goma, pero antes cargan una normal, lo que aumenta su fuerza. Esos disparos suelen ser mortales.

AH: ¿Sabe si se investigan los errores?
S: En las FID se notifican e investigan todos los disparos.

AH: Yo he estado en esos lugares, en esas manifestaciones, donde los palestinos abren fuego.
S: ¿Intenta decirme que los disparos de los palestinos son penosos?

AH:
S: Estoy de acuerdo. habitualmente, el fuego de los palestinos es lastimoso.

AH: Y el ejército lo sabe S: Sí. Sus tiros son totalmente ridículos. Y cuando comienza por fin el tiroteo, sabes que casi todos sus disparos darán en el aire.

AH: ¿Es todo un puro alarde?
S: Sí. Y las FID lo saben.

AH: Entonces ¿para qué matar?, ¿por qué no contentarse con herir?
S: Si decides herir a la gente, el número de perjudicados será todavía mayor, y la cuestión es si se trata de algo mejor. Provocar heridas enfurece aún más.

AH: ¿Quién se lo ha dicho?
S: Es mi opinión. Me refiero a herir a alguien, al hecho mismo de recibir un disparo, cuando gritan y dicen que les duele.

AH: He visto muchos funerales. La gente llora a los muertos y luego marcha hacia los controles de carretera.
S: Si las FID se deciden a herir a la gente, habrá más personas perjudicadas.

AH: Entonces ¿la cifra de heridos no es tan alta?
S: No.

AH: Las FID sabían que cuando los activistas de Al Fatah abrían fuego, estaban, simplemente, alardeando, y no se les iba a permitir mejorar los disparos. Sin embargo, los palestinos han afinado la puntería. Entonces, ¿cuál ha sido la ventaja de responder con más fuerza?
S: Tengo un amigo colono en un asentamiento y, según él, el fuego de los palestinos no tiene nada de lastimoso. En su opinión, cada vez que disparan debemos responder diez veces más. Si le entrevistara a él, la conversación sería completamente diferente. Usted me habla a mí y yo me planteo más preguntas, como, por ejemplo, si no debería dejarles disparar sin responder. Como soldado, no me hago preguntas. Me las planteo, pero hay órdenes, y sé de antemano que, si disparan, todo lo que tengo que hacer es preguntarme si he de disparar yo también. Los errores se producen porque las cosas no funcionan así. Alguien decide disparar, y otro decide lo contrario. Ahora voy a ser un poco más duro: si las FID disparan es porque hay casos en que se mata a soldados.

AH: ¿Se abre fuego por venganza?
S: No sé si las FID se vengan. Pero cada vez que se produce un incidente grave, se trata de algo político; puedes sentirlo. Como soldado, sabes que si los periódicos publican un montón de cosas que les han ocurrido a las FID, te dejarán disparar más, y esa noche dispararás más que la anterior.

AH: ¿Porque quiere o porque le dejan?
S: Porque me dejan. A mí no me gustaba disparar tanto, aunque hay muchos soldados a quienes sí que les gusta. Al principio, también a mí me gustaba abrir fuego, pero después de disparar unas cuantas veces me dije: “Ya basta”.

AH: Usted no ha disparado contra niños.
S: Ningún francotirador lo ha hecho.

AH: Y sin embargo, hay niños que han resultado heridos o muertos tras haber recibido un tiro en la cabeza. A no ser que se trate de errores.
S: Si eran niños, se trataba de errores.

AH: ¿Les hablan de este asunto?
S: Nos lo comentan con frecuencia. Tenemos prohibido disparar contra niños.

AH: ¿Cómo se lo dicen?
S: No disparéis a niños de doce años o menos.

AH: Entonces ¿está permitido disparar a un niño de doce años o más años?
S: De doce en adelante, sí que lo está.

AH: Trece años es la edad del bar mitzvah (rito judío de ingreso de un niño en la vida adulta).
S: De doce en adelante se nos permite disparar. Eso es lo que nos dicen.

AH: Una vez más: les permiten disparar contra niños de doce años en adelante.
S: Es que por definición, no me parece que sean ya niños, aunque en Estados Unidos puede haber niños de veintitrés años.

AH: Según la definición del derecho internacional se es niño hasta los dieciocho.
S: ¿Hasta los dieciocho?

AH: Entonces, según las FID, ¿la edad son doce años?
S: Según lo que las FID dicen a sus soldados. No sé si es eso lo que dicen a los medios de comunicación.

AH: Y son niños por debajo de doce. ¿No hay una orden por la que, entre los doce y los dieciocho años, se deba disparar a las piernas y no a la cabeza?
S: Por supuesto, llegado el momento intentamos comprobar que el individuo tienen más de veinte.

AH: En los diez segundos disponibles…
S: Debo calcularle la edad en los diez segundos de que dispongo.

AH: Y también, de dónde sopla el viento, cuál es el margen de desviación y hacia dónde va a saltar…
S: Sí, pero es difícil que un tirador de primera cometa un error. Los errores los cometen quienes no son tiradores de primera.

AH: Y si hieren a un niño en la cabeza, ¿es sólo por casualidad?
S: Si me dice que ha visto a muchos niños heridos en la cabeza, se trataría, desde luego, de tiradores de primera.

AH: Entonces, lo que está diciendo usted es que nuestras definiciones de lo que es un niño no coinciden.
S: La definición dada por usted es diferente.

AH: Porque, para usted, un niño es alguien que no tiene más de doce años.
S: Sí.

AH: Pero un niño de trece no porta armas, al margen de cómo se le llame: muchacho, adolescente u hombre.
S: Quizá no porten armas, pero pueden tener un cóctel molotov, y en algunos lugares se permite disparar contra personas que lanzan bombas incendiarias.

AH: ¿Sabe usted a cuántos mataron ayer?
S: No, por desgracia.

AH: ¿De qué hablan los soldados entre ellos?
S: En la mayoría de los casos nos contamos experiencias y discutimos sobre si es necesrio todo esto o si deberíamos desear o no, abrir fuego.

AH: Y hay algunos que querrían disparar más a menudo.
S: Desde luego.

AH: Pero los comandantes dicen que no. ¿Participan también ellos en esas conversaciones?
S: ¿Quién ha dicho que los comandantes no piensan como ellos?

AH: Por lo que dice usted sobre las cautelas impuestas a los tiradores, concluyo que todas las personas que han matado iban armadas. Pero no me parece que sea así, y estoy familiarizada con lo que ocurre en la realidad.
S: Tampoco a mí me lo parece. No hay nada que hacer; si las FID deciden que debemos responder y reaccionar, se producirá un cúmulo de errores y, en términos relativos, habrá un gran número de muertos. Por otra parte, aún podría haber muchos más.

AH: He visto un folleto con normas para abrir fuego.
S: No existe tal cosa; nadie nos da ningún folleto. Todo se hace de acuerdo con las órdenes que nos imparte el comandante cada mañana.

AH: Me gustaría volver al asunto de los doce años. ¿Quién fijó esa edad?
S: He oído decir que las FID consideraban importante saber si alguien tenía más de doce años, así que entendí que doce años es la edad en la que han trazado la línea. No nos han dado una edad; se han limitado a decir que no deberíamos disparar contra niños. Las FID no especifican edades. Procuramos no matar, no tener incidentes en los que haya demasiados muertos. Seis muertos es una cosa normal; podría haber muchos más.

AH: ¿Qué entiende por “normal”?
S: Ellos nos disparan, y si alguien te dispara, aunque lo haga de forma lamentable, tienes que responder.

En respuesta a una pregunta de Haaretz, el portavoz de las FID no quiso citar una edad concreta por debajo de la cual se considera niño a una persona. Tampoco ofreció una cifra de los niños muertos, ni de sus edades. El portavoz expuso lo siguiente:
“Los soldados sólo abren fuego con munición real en situaciones en las que peligra alguna vida y de acuerdo con las órdenes de su comandante de operaciones. cuando estallaron los enfrentamientos, esas normas fueron definidas de nuevo con la intención de proteger las vidas de los soldados de las FID (…). La Autoridad Palestina y las organizaciones terroristas, que envían niños a la primera línea de los enfrentamientos (…) los están utilizando de forma cínica y poniendo en peligro sus vidas. Las FID lamentan la pérdida de vidas en general, y las de niños en particular, pero es necesario recordar que quienes no desean que sus niños sufran daños, no deberían mandarlos a las primeras líneas de las zonas de guerra”.

1 Incidente ocurrido el 12 de octubre de 2000 en el que dos reservistas de las FID entraron en Ramala y perdieron la vida a manos de una muchedumbre palestina.

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