¿QUIÉN SE OCUPA DE NUESTRA MEMORIA?

Ya no son 30 mil, son menos
(o de cómo desaparecer a los desaparecidos)

“Traición y lealtad, crimen y amor,
se agazapan en el fondo de nuestra mirada”.

Octavio Paz, El Laberinto de la Soledad

22/agosto/2014

A propósito de la película Colosio: el asesinato -primera ficción documentada acerca de uno de los magnicidios que marcaron el curso de la política mexicana contemporánea- el colofón del filme hace alusión a datos entre los que llaman la atención los siguientes: 15 personas que estuvieron relacionadas con los hechos fueron asesinadas, entre ellos José Francisco Ruiz Massieu, cuñado del ex presidente Carlos Salinas. Además, desde 1994, año en que fue asesinado el candidato presidencial Luis Donaldo Colosio, la violencia en México ha provocado cerca de 300 mil muertos, 3 millones de víctimas directas y 12 millones de víctimas indirectas.
Estas cifras nos hablan de una violencia sistemática de la que no se hizo ningún eco mediático sino hasta doce años después, bajo el gobierno del panista Felipe Calderón y su declarada “guerra contra el narcotráfico”.
Desde entonces, lo que parecían hechos normalizados, se tornaron estadísticas acuciantes, donde las cifras oficiales iban mostrando solo la punta del iceberg en medio de un mar de datos e informaciones que no hacían más que aumentar el clima de tensión y miedo entre la población.
En relación a las muertes por el narcotráfico, por ejemplo, la incertidumbre en los datos obedece a la falta de una metodología seria y transparente para tener una cifra aproximada y confiable. La organización italiana Líbera en conjunción con diversos actores mexicanos han documentado 136 mil muertes violentas durante el sexenio calderonista, de las cuales 116 mil estarían vinculadas con el narcotráfico. Por su parte, el Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC) estimaba con base al aumento de la tasa de muertes por año, que para 2012 la cifra de muertes por causas relacionadas con el crimen organizado rebazaría las 80 mil.
Otro dato relevante es que el 89 por ciento de los cuerpos hallados en fosas clandestinas están sin identificar. Según publicó el diario El Excélsior el pasado 21 de abril, la PGR ha identificado sólo 142 de los mil 273 cadáveres encontrados en el periodo de 2006 a 2013. Además, existen 34 averiguaciones previas relacionadas con desapariciones, de las cuales sólo se han resuelto 11.
Por último, aunque no menos importante, cabe hacer especial énfasis en la tasa de feminicidios, que ha alcanzado el número de seis al día, de acuerdo con datos de 2012 y 2013 del Observatorio Nacional del Feminicidio.
Derivado de la violencia, se han disparado además los casos de desaparición de personas en el país. Para entender las dimensiones del problema, sólo durante el periodo más intenso de la denominada “Guerra sucia en México”, es decir de 1962 a 1987, se estima que hubo unas mil 350 desapariciones forzadas, de acuerdo con el informe del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos. En contraste, para 2013, el número de desapariciones forzadas, a decir de la SEGOB, rondaba las 30 mil personas, sólo en el periodo del gobierno calderonista, aunque las desapariciones podrían ser muchas más según un informe de Amnistía Internacional.
Tras un incomprensible y ofensivo “ajuste”, los datos al día de hoy, ofrecidos de manera oficial por parte de la SEGOB cifran las desapariciones en 22 mil 322 desaparecidos. Detrás de estas cifras pesan las recomendaciones de Human Rights Watch para aclarar las metodologías y crear una base de datos confiable sobre la desaparición de personas en México.
Tras el informe presentado por la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, y el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia, para el examen periódico universal de México ante la ONU en octubre de 2013, fueron hechas 188 recomendaciones expresas, relacionadas especialmente con la impunidad en el país, ya que sólo el 20 % de las denuncias son investigadas, 9% llegan a un juez, y sólo el 1% de las denuncias son castigadas, tal y como se desprende del documento Números Rojos publicado por el Centro de Investigación para el Desarrollo, (CIDAC). Desde el mismo CIDAC se habla incluso de un escenario de hasta 300 mil desapariciones para 2012, siguiendo las tendencias del crimen organizado y la violencia reveladas en el citado informe.
Para el escritor italiano radicado en México, Federico Mastrogiovanni, autor de Ni vivos, ni muertos, la cifra de desaparecidos “es cínica”, porque el Estado mexicano además de invisibilizar el problema, criminaliza a las víctimas.
En medio de todo este marasmo de datos y cifras y escenarios posibles, el número de niños desaparecidos en el país ha pasado casi desapercibida. De acuerdo con información difundida por la Fundación Nacional de Investigaciones de Niños Robados y Desaparecidos el pasado junio, existen 45 mil niños desaparecidos y una lista oficial de 3 mil averiguaciones previas por robo de menores, de los cuales se especula que el fin es la explotación sexual o el tráfico de órganos, tal como alerta dicha fundación.
El escenario de la desaparición de menores es otra realidad poco alentadora, pues la propia UNICEF ha denunciado que 1,2 millones de menores son víctimas de la trata al año en el mundo.
Entendidas así, las muertes violentas y las desapariciones forzadas, todas con nombre y apellido desconocidos, están siendo condenadas en el juicio sumario del olvido.

Los desaparecidos que se buscan
con el color de sus nacimientos,
el hambre y la abundancia que se juntan,
el mal trato con su mal recuerdo
.”

León Gieco

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