TRILOGÍA KAFKIANA

BOMBARDEO URBANO

El estruendo de la explosión interrumpió la clase. De pronto el olor a pólvora inundó el salón. Un impulso me hizo levantarme y salir a ver qué había ocurrido.

El día en que bombardearon la sede de Foment de Treball, no recuerdo qué manifestación acontecía allá afuera, en la Vía Laietana.

El noventa por ciento de las manifestaciones que se registran en la Ciudad Condal toman el mismo rumbo. Parten de una concentración en Plaza Universidad o Plaza Catalunya y desembocan en la Plaza del Palau o en la Ciutadella, pasando por la Vía Laietana.

Nous n’avons pas compris repetía la clase, refiriéndose a la lección de francés del día. Pero la atención estaba puesta en los gritos de la protesta, y en los petardos que detonaban de manera cada vez más recurrente.

Comenzar la sesión había sido toda una odisea porque la gente tardaba en llegar y nadie tenía claro qué pasaba con todo ese alboroto allí afuera. A las 5 de la tarde la avenida ya estaba bloqueada y a varios compañeros se les había complicado concluir su recorrido, por esa razón llegaron tarde. Además hubo que cerrar la entrada principal por lo que más de alguno no acertó a encontrar la “entrada de emergencia” que era por la parte lateral del edificio.

Los manifestantes, literalmente bombardearon la sede de Foment y algunas bombas de humo alcanzaron la entrada y el olor a pólvora quemada de los petardos se hacía más penetrante. En ese momento empezamos a ponernos nerviosos porque el humo llegaba hasta el salón de clases. La tensión asomó a nuestros rostros, porque aunque estábamos seguros, la sensación era de estar en medio de una guerra. Evidentemente después de la intromisión los portones de la entrada fueron cerrados. La batalla campal continuó: petardos, huevos, bombas de humo. Cuando pudimos salir, la imagen que teníamos a la vista era más que inquietante. Tiempo después, todo quedaba más claro. La violencia nunca es justificada, pero cuando la realidad se embarra en tu nariz, es evidente que el abanico de opciones y acciones se acorta. El olor a azufre nos acompañó durante algunos días pues la puerta de la entrada había quedado impregnada con los huevos que arrojaron los manifestantes durante la embestida a un edificio que se erige como baluarte de la empresa y la burguesía frente al poder de la clase obrera.

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COMPARTIMENTOS PARA FAMILIAS AMBULANTES

Rachida toma el autobús a Tetouan desde Tánger cada semana. Está empezando los estudios en lengua inglesa en la Universidad de Tetouan, aunque a estas alturas ya domina bastante bien el idioma. Mientras aguarda la partida a bordo del autobús, observa desde la ventanilla el alboroto que se forma en torno a los compartimentos del equipaje de cada autocar que arriba o que está a punto de partir. La gente se arremolina como en un colmenar, pero de personas, para coger sus enormes bultos y continuar su viaje. Dos o tres bultos como mínimo, nunca menos. Todo aquello acontece en un desorden ordenado, y con la acelerada lentitud característica de aquella región, como lo dijo en algún momento Kapuscinski: “para el africano el tiempo es algo que se puede crear porque se manifiesta a través de los acontecimientos y éstos dependen del hombre.” A veces es imposible creer cómo en un viaje la gente es capaz de llevar prácticamente su casa a cuestas pues la cantidad de equipaje es realmente impresionante para los recorridos en el interior de Marruecos que no aparentan ser tan largos. Menos mal que ésta es sólo una escala.

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EL ENTIERRO DE UN MIEMBRO…PERO NO DE LA FAMILIA

Aunque parezca surrealista -en México somos especialistas en ello- años atrás se emitían “actas parciales de defunción” cuando alguien perdía un miembro del cuerpo, ya fuese por algún accidente o por la necesidad de amputarlo como complicación de alguna enfermedad como la diabetes. Ahora, en parte para ahorrar trámites, en parte para evitar focos de infección, se incineran los miembros amputados como cualquier desecho orgánico y va directamente a los residuos tóxicos hospitalarios.

Cuando pasó el efecto de la anestesia, el hombre preguntó al personal de la clínica, si sus familiares se estaban ocupando de “su trámite”. La familia llevaba consigo una caja de esas para enterrar a los bebés fallecidos.

Los familiares creyeron, o alguien les hizo creer, que podrían llevarse la pierna gangrenada de su familiar para después darle santa sepultura, hasta que el cuerpo al que perteneció también muera y pueda reunirse en santa paz con su miembro perdido y enterrado “como dios manda”.

TRILOGÍA KAFKIANA II

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