LA CARTA OCULTA EN UNA CARPETA DIGITAL

Ada Lovelace

Ada Lovelace

Alguno que otro detalle de la historia universal, omisa por naturaleza, fue descubierto por curiosidades casuales y por casualidades curiosas. Se dice, por ejemplo, que unas semanas antes de su asesinato, Abraham Lincoln recibió una carta de una admiradora. Sin dar mayor importancia a la pueril revelación de afecto declarada en la correspondencia, dejó el documento dentro de su libro de cabecera, Las siete tragedias de Esquilo. En la carta, la mujer, cuyo nombre mantiene la historia en anonimato, le advertía: “estimado Mr. Lincoln, sé de su afición al teatro y alguien más lo sabe…” en alusión a las oscuras intenciones del actor John Wilkes de hacerle daño a él o a su familia. Como recordarán Lincoln fue asesinado en un teatro a manos de un tal Wilkes que le disparó por la espalda. Otra barbaridad histórica de la que poco o nada se suele hacer mención.

Ada Lovelace, la primera programadora y analista de datos de la historia, sería reconocida casi un siglo después de su temprana muerte. Ada Lovelace dejó una carta en la que se despide y aclara algunas de sus infidelidades amorosas, aunque para sorpresa de su religiosa madre, quien la cuidó en el lecho de muerte, aseguraba estar con la conciencia tranquila. Esta evidencia de una mujer revolucionaria, escandalizó a su madre, quien intentó deshacerse de la carta. Desafortunadamente debía ser interpretada entrelíneas, por contener ésta el primer algoritmo creado para ser procesado por una máquina. El preciado documento apareció años más tarde, hecho añicos en un sobre dentro de un poemario de Lord Byron, el padre de Ada.

Mucha gente se pregunta por qué Jorge Luis Borges nunca recibió el Premio Nobel de Literatura, el que se considera el máximo galardón al que puede aspirar un escritor de la talla de Borges. La respuesta fue econtrada en una carta que quedó oculta en algún rincón de su biblioteca. La Academia había enviado una notificación a Borges sobre el particular, para informarle que era más que probable que ese año recibiera el Nobel. La carta llegó con retraso, un par de días después de que Borges recibiera un reconocimiento de manos del dictador Augusto Pinochet. Aquel particular acto, hizo a la Academia retractarse de su empeño en laurear al escritor, aunado a la falta de respuesta a la carta enviada con suficiente antelación, por lo que el nombre de Borges fue borrado de la lista de candidatos al Nobel. Los biógrafos del escritor encontraron la carta de la Academia sin abrir en una carpeta que contenía las críticas y observaciones del escritor sobre el Ulises de Joyce.

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Hoy en particular se percibe una excesiva sensación de frescor en el ambiente. Afuera hace mucho viento y llueve. El cuerpo sufre una especie de espasmos repentinos y temblores, e incluso, hay instantes en que parece invadido por una parálisis, especialmente en las extremidades superiores e inferiores. En algunas culturas lo denominan “sensación de frío”. Mientras tanto, la creatividad -o el instinto de supervivencia- intentan evitar que esa parálisis llegue a las ideas, para ello basta con cavilar un poco e inventar otro tanto.

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…”En esta historia de la destrucción de libros se observará que la destrucción voluntaria ha causado la destrucción de un sesenta por ciento de los volúmenes. El otro cuarenta por ciento debe imputarse a factores heterogéneos, entre los cuales sobresalen los desastres naturales (incendios, huracanes, inundaciones, terremotos, maremotos, ciclones, monzones, etc.), accidentes (incendios, naufragios, etc.), animales (como el gusano del libro o la polilla, las ratas y los insectos), cambios culturales (extinción de una lengua, modificación de una moda literaria) y a causa de los mismos materiales con los que se ha fabricado el libro (la presencia de ácidos en el papel del sg. XIX está destruyendo millones de obras)”.

Cerró el ejemplar del libro de Fernándo Báez, abrumada por el miedo a perder sus fotografías, sus textos, sus cartas, en medio de algún fenómeno meteorológico o algún incendio accidental. Desde que la tecnología permite ahorrar espacio en los armarios y el escritorio, la mayoría de esos valiosos documentos permanecen almacenados en memorias digitales o discos duros. Aquel día de invierno, durante una revisión rutinaria de dichos documentos encontró una carta digital de dudoso destinatario, en una de sus carpetas digitales. Sobra decir que no encontraba explicación para que ese documento estuviera en una de sus carpetas personales. Entre tanto cambio de computadoras y de discos duros, reenvío de documentos y reclasificación de carpetas, éste infortunado texto se coló entre los suyos. Tras la relectura discernió en esa carta digital fragmentos de algún e-mail, lo que le orilló a pensar que el autor utilizaba los mismos argumentos para mentir a varias personas a la vez:

No es esta noche el asecho de los colmillos caninos que me intimidan (con el miedo animal de todo lo animal que yo también soy). Son los dientes feroces de todos mi yo los que muerden las nalgas de mi conciencia, las piernas de mi voluntad disminuida”.

Después de una aparente ingenua revelación comprendió que su decisión, aunque tardía, había sido la más adecuada para su bienestar mental.

La Bigamia suena aventurera, pero mis latidos dicen que antes que amar tiene miedo de herir a una que me dijo ayer que me amaba y a la otra que dijo lo mismo por el teléfono… Dos mujeres eran un ataque a la moralidad, a las buenas costumbres. En el piadoso de los casos era un adúltero de mierda. Pero ahora, después de la doble fuga del corazón no me doy coraje, ni lástima. Me doy ternura”.

Con esos espasmos repentinos y el temblor en el cuerpo que se experimentan cuando se siente frío, -aunque en su caso no era el frío, sino la tristeza la que le escocía los nervios-, prosiguió la lectura de los primeros versos en papel que recibió de sus manos: Mariposa, ceniza y humo. Era como una especie de anexo de la carta.

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Era evidente que en esa carta no había entrelíneas ningún algoritmo, ni secretas intenciones de homicidio, o alguna noticia inusitada. Era la revelación de la ingenuidad que se padece cuando se actúa bajo los impulsos de la tripa o el corazón. La última duda que le aquejaba era ¿cómo podía llegar la casualidad a esas extrañas e inoportunas revelaciones?

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