VINO DE FEZ

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Vino de Fez. Su primera parada en Barcelona es ésta, la “cuasi mansión” de los hermanos Karamasov, como bautizamos al que, debido al sobre cupo, podría considerarse como el “primer piso patera” de nuestra estancia. A casi 20 días de que el azar nos trajo a este paradisiaco piso de la Rambla -dícese del paso peatonal más concurrido en esta capital catalana- no hay broma que no contenga una dosis de carrilla para este particular marroquí, un hombre que por sus constantes balbuceos para expresarse y su ingenuo comportamiento, exacerba a ratos el ánimo de Karim, sangre de su sangre, aunque no con la misma consistencia.
¿Comment tu t’appelle? Y nosotros entendimos fonéticamente “gutia” como respuesta. Intentando adaptar esta precaria percepción a la fonética árabe o francesa, convenimos que su nombre podría escribirse “Outhia”.
De conducir camiones, practicar full-contact y es de suponer que otras tantas rutinas que en nuestro idioma no sabe explicar, y que en el suyo no podemos entender, se impuso para su nueva vida una dinámica muy similar a la nuestra: fumar, comer, dormir y hasta hoy, ver televisión, porque a decir de su hermano Karim está acusado de descomponer nuestra querida caja idiota, la misma que nos enfrentó a nuestro primer shock idiomático al escuchar a los Simpson ¡¡¡doblados al “eshpañol de Eshpaña, joder”!!!!
¡Salut oh, Outhia! Pero Outhia no entendía más allá del francés y el árabe que le otorgó la gloriosa babel. Por si fuera poco, en el recuento de los daños históricos, estos tres mexicanos estamos jodidos y radiantes con nuestra dotación de castellano y…párale de contar.
Si existiera un mundo outhiano, como existe el mundo kafkiano o borgiano, quizás sería lo suficientemente surrealista como para seguir despertando el humor macabro de tres mexicanos en periodo de hibernación discontinua.

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