Píldora azul

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Las mañanas, si no llueve, suelen ir a visitarle. Desde que está en la residencia, los días nubosos se deprime, porque no puede salir al jardín, ni hay bullicio. Se queda mirando por la ventana durante horas y sólo a veces se sienta a conversar con su compañero de habitación. El otro día le propuso conseguir “píldoras azules” y salir a echar unos polvos antes de que los sorprenda la muerte. Pensaba en ello cuando se acercó aquel robusto enfermero para acostarlo en su cama como hacen los padres con sus hijos cuando no pueden caminar aún.

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