TRINA COMO GOLONDRINA

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Últimamente me despierta el canto de las golondrinas que han ocupado un rincón en el patio. Hace unas semanas terminaron de construir su nido, así que se les oye trinar todo el tiempo cuando hacen sus escalas aquí, o parlotean, en el lenguaje de las aves, posadas sobre los cables del tendedero.
Recordé haber visto en un documental que narra la vida en los arrozales chinos, el significado que le confieren las familias en aquel místico país, a la presencia de las golondrinas en sus hogares. Para ellos es un buen augurio porque las parejas de golondrinas perduran para toda la vida y esto es símbolo de fidelidad y prosperidad. Es por esa razón que en el interior de las casas de los campesinos chinos hay un nido para que las golondrinas tengan dónde refugiarse y siempre se les ve revolotear por allí.
A pesar de ser un ave tan emblemática a lo largo de la historia, también se ha convertido en una víctima más de la terrible depredación humana, pues en áreas donde eran una especie abundante, su población ha descendido hasta un 30 % en la última década.
La golondrina es un ave mítica y misteriosa. Por ejemplo, para los marineros simboliza la seguridad de volver a casa, tal y como hacen estas aves que con su memoria son capaces de establecerse en el mismo lugar donde rompieron cascaron, o instalarse en el mismo nido del año anterior.
Más de alguna persona evocará al oír hablar de éstas aves, el famoso poema de Bécquer a la melancolía “Volverán las oscuras golondrinas/de tu balcón sus nidos a colgar…”. De cualquier manera, su trinar alegre siempre me recuerda que de alguna forma, todos tendremos que volver.

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