THE LADY OF RING

joyeria-489201-MLM8347655275_042015-Y.jpgEl anillo que me obsequió mi tía era la alianza de su anterior matrimonio. Jamás pasó por mi mente que una joya pudiera ser tan sugerente. Me explico: en el periódico, trabajé como muchas novatas y novatos, en la sección policiaca, una fuente que está hipermasculinizada: policías, tránsitos, agentes del ministerio público, jueces, judiciales, peritos, rescatistas y paramédicos. El 99% de mis fuentes eran varones. Y el ámbito del diario para el que trabajaba no era precisamente el más neutral, mucho menos incluyente: “estás muy chiquita para estar en la fuente policiaca”, “no vas a aguantar: accidentes, muerte, sangre”, “cómo una mujer anda entre tantos hombres”, “¿no te da miedo lo que haces?”. Y los fotógrafos: “no te preocupes, que yo te cuido”. Hubo alguno que me dijo que no se me “lanzaba” directamente porque vio mi alianza, lo que le hizo pensar que estaba casada. Aunque no entraba en su lógica que siendo tan joven ya no estuviera soltera, para esa persona, el anillo hablaba por sí sólo. En ese momento entendí muchas cosas. Fue patético darme cuenta que un trozo de metal había sido mi escudo de manera inconsciente ante aquella jauría de machos entre los que trabajaba. Así que decidí quitarme el anillo para enfrentarme directamente al acoso sin que mediara la idea de que detrás de aquella alianza había un varón que me protegía. Mi buen desempeño laboral ya había demostrado que sabía valerme por mí misma, como siempre, como todas.

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