FINCA OKUPADA

0-icono-movimiento-okupaEl acoso inmobiliario y los desalojos con extrema violencia están a la orden del día. Muy rara es la ocasión en que los vencidos sean quienes tienen el dinero, las armas y el poder. Pero esta vez, ocurrió lo inesperado.

El edificio llevaba años en ruinas. Nadie había puesto sus ojos en él, pues el proceso de gentrificación aún no había alcanzado los alrededores de la ciudad, donde aún se apreciaba suficiente vegetación endémica.

No pasó mucho tiempo para que los seis pisos de la finca fueran okupados. Aquello parecía una selva literalmente. Las enredaderas eligieron la fachada y en las ventanas se instalaron las bugambilias. El musgo okupó las escaleras de todo el edificio, mientras que del entresuelo empezó a crecer un árbol que atravesó todas las estancias. A los críos los hubiera encantado cuando vivían allí. La naturaleza había recuperado la tierra que legítimamente era suya.

Hasta que apareció el listillo que creyó que con dinero se puede todo. Su familia, como era de toda la gente sabido, poseía la tercera parte de los edificios de aquella urbe. No conforme con ello, cuando vio aquella finca, decidió que era un lugar perfecto para instalar el primer “hostal de ecoturismo urbanita hipster”. La idea le moló tanto que no lo pensó dos veces y movilizó a su flota de legistas ya entrenados, para precipitar un desalojo a la brevedad. Nada de notificaciones de desahucio, ni juicios eternos. Si hacía falta recurrir a la fuerza, lo harían sin resistencia.

La guardia urbana se presentó para vigilar el acceso de la maquinaria pesada. Los mossos se abstuvieron de participar ya que todo indicaba que no habría incitación a la violencia. ¡Vaya, que estaba todo bajo control! Comenzarían por la fachada y al final sólo se podaría el árbol de manera que no dañara la estructura, pues era un elemento esencial para la idea del “ecohostal”. El primer día consiguieron eliminar la maleza -o bieneza- del exterior. Como no había nada que temer, tampoco se pagó por ningún servicio de vigilancia nocturna.

Al día siguiente, la hierba se había multiplicado exponencialmente, y la fachada estaba nuevamente cubierta, tanto, que no parecía que debajo de aquella capa verdosa y brillante, hubiera un cubo enorme de concreto soso y gris.

Apenas podían creer lo que sus ojos veían, pero aún así comenzaron a eliminar la vegetación, sólo que esta vez era muchísimo más abundante, por lo que el tiempo invertido el día anterior, apenas fue suficiente para limpiar dos de las cuatro caras de la finca. Parecía una broma de mal gusto, así que se decidió contratar a un velador, sólo por si las dudas.

La noche transcurrió sin incidentes, pero nuevamente la vegetación se había extendido, aquello parecía un hechizo, pues mientras más cortaban, la hierba se reproducía más, y más. La movilización de tanta maquinaria alertó a los vecinos de la zona quienes, tras interrogar a algunos de los trabajadores, descubrieron las ambiciones del susodicho empresario.

La gente se organizó para evitar tan cruel y desproporcionado uso de la fuerza en aquel desalojo, pues entendían que la ciudad le había arrebatado a toda esa la vegetación el legítimo derecho a la tierra que lo fue también de sus antepasados. Si permitían que fuera arrasado el pulmón de la ciudad, sabían lo que les esperaba en poco tiempo.

Los empresarios no pararían en su ambicion cegadora, mientras que la gente terminaría siendo desplazada de sus viviendas también. Pero ya era hora de devolver a la tierra, lo que a ella le pertenecía. Así sería el inicio de una okupación interminable.

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