LO NUNCA VISTO O SI MONTERROSO VIVIERA

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Mientras la repugnante figura apostada en el balcón del Palacio de Gobierno reproducía en voz alta la letanía ritual de todos los años, la multitud congregada, también como todos los años, se giraba y le daba la espalda. Sus camisetas estaban teñidas de rojo simulando la sangre de nuestra gente asesinada. En la espalda pendían letras que formaban mensajes: RENUNCIA PEÑA NIETO. ESTADO REPRESOR Y ASESINO. VERGÜENZA. AYOTZINAPA VIVE. LOS DESAPARECIDOS NOS FALTAN A TOD@S. NI UNA MUERTA MÁS. Los mensajes se repetían tantas veces como tanta gente reunida en el Zócalo. No eran diez, ni cien, eran millones, millones de mexicanas y mexicanos hartos, indignados, resueltos. Aunque la plaza estaba rodeada de un numerosísimo ejército de granaderos, nadie se movió de su sitio, nadie hablaba. Todas permanecían cogidas de las manos en un acto de protesta nunca antes visto. La “tensa calma” se reventó. Pero cuando desperté, el dinosaurio seguía allí.

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