TU NO TIENES CARA…

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En el juzgado se hizo un silencio incómodo tras el incidente con la jueza, por lo que los familiares de la víctima optaron por abandonar la sala para evitar una confrontación. Le habría fulminado la toga con la mirada cuando increpó a mi clienta para decirle: “tu no tienes cara de maltratada”. Pero mi deber era mantenerme ecuánime. Cómo lamentaba que en la academia no se nos hubiese instruido a los legistas para tratar los asuntos de género con especial cuidado. El inculpado le había colocado a mi clienta una toalla en el rostro porque según él no quería dejar huellas de los golpes. Con la carpeta en mano, le formulé una pregunta al acusado que lo dejó aturdido, sólo podía percibir cómo le saltaba la nuez de tanto tragar saliva. Las pruebas eran contundentes, pero lamentablemente, un proceso judicial no siempre es la llave para superar la violencia de género.

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