CABOS SUELTOS

No puedo acostumbrarme

a la almohada

al encierro que simulan las paredes

a la penumbra invernal

a los días aciagos

a la indiferencia

No puedo acostumbrarme

al asecho de la muerte

a la clandestinidad de las arrugas

a la obsesión suicida

a la inhumana pandemia de la hipocresía

No puedo

ni quiero acostumbrarme

a la frase correcta

a la inmundicia del protocolo

a las falsas promesas

No quiero acostumbrarme

al síndrome de enajenación

a la parálisis del status quo

al determinismo fallido de la impotencia.

No quiero acostumbrarme

     no puedo

y sin embargo,

aquí yace inmóvil mi cuerpo

envuelto en la oscuridad

pensando el la eternidad

después del entierro.

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