INGENIOSO SEXISMO SILENCIOSO DEL SIGLO XXI

Por Mayte Carrasco

26/01/2016
 Sucede con el sigilo silencioso de las serpientes, las que deambulan en el desierto de la comunicación sobre la arena caliente de la crisis, escondidas en este terreno en descomposición que es el periodismo de hoy. El sexismo serpenteante del siglo XXI tiene hoy más éxito que nunca porque ni se le escucha ni se le ve; es un cadáver momificado del pasado patriarcal de nuestra España cateta y oscura que creemos que está muerto y enterrado; pero está más vivo que nunca. Se pasea por las redacciones de nuestro país haciendo burlas esperpénticas de pura satisfacción. Su negación le da más fuerza para sobrevivir y expandirse sin complejos.

La mujer periodista pensante, intelectual e inteligente es apenas visible. ¿Dónde está? Les invito a abrir una página de opinión de un periódico a ver cuántas firmas femeninas descubren. * Acudan a las mesas redondas sobre cosas muy serias, a ver cuántas mujeres les hablan. Sobre todo en las de terrorismo o revoluciones árabes. Traten de contar, como he hecho yo, a las mujeres recompensadas y reconocidas por su trabajo y su trayectoria profesional. Estoy segura de que se sorprenderán.

¿Por qué no están? ¿Son invisibles? ¿No existen? ¿No trabajan? ¿No tienen ambiciones profesionales? He oído mil y una justificaciones. “La mujer se echa atrás cuando le proponen un puesto de responsabilidad”; “ellas son las que no están disponibles para una mesa redonda, no hay”. ¡Cuántas veces he escuchado esas frases! A muchas mujeres se las ningunea y se las aparta; sobre todo si desparecen con una baja por maternidad. Los méritos no cuentan, o cuentan menos. Deben hacer el triple salto mortal para destacar, y ni aún así.

Los hombres cobran un 17% más que las mujeres en nuestro país y el sector periodístico no es una excepción. Y haciendo un repaso de los puestos directivos de los medios españoles, vemos que entre los diez consejeros de Unidad Editorial (El Mundo) no hay ni una mujer. En Mediaset hay una entre 13. En Vocento una entre 14. En Prisa dos entre diecisiete, y cuatro entre los 12 de la Agencia EFE. Como ha dicho la presidenta de la FAPE, Elsa González, “se han roto barreras, pero no el techo de cristal que mantiene, mayoritariamente, los cargos de máxima responsabilidad en manos masculinas”. Aquí más del 60% de los estudiantes de Periodismo son mujeres, pero solo el 20% acaban de jefas.

El desbanque femenino se hace evidente cuando el éxito de la mujer es imparable. Se hace también a través de comentarios que parecen inofensivos, como pequeñas bromas y chistes en los que pone en duda su profesionalidad. “Exagera sus logros”; “miente sobre su currículum” y otras difamaciones (que constituyen delito) y que algunos dejan caer en todos los foros habidos y por haber con el fin de minimizar o poner en duda la competencia de la persona que amenaza sus intereses.

A este tipo de “acoso y derribo” de toda la vida, ahora lo llamarían “mobbing”. El experto Juan Moisés de la Serna, Doctor en Psicología, Master en Neurociencias y Biología del Comportamiento, describe en su blog el mobbing como “rumores y difamaciones que se llevan a cabo para desencadenar la desconfianza y envidia de los compañeros que se vean ‘superados’ por las capacidades o habilidades de la persona acosada, que se convierte así en el objetivo del acoso laboral”.

Y aunque este ninguneo ocurra también con los hombres, hay una fórmula de lo más eficaz, por vieja, específica contra el sector femenino. La habrán oído: “se la chupa al jefe”, “va medio desnuda”, etc. Desde hace décadas, son habituales las bromas, rumores e infamias sobre la supuesta vida sexual de las mujeres en el trabajo. El efecto buscado es que los jefes a los que se hace alusión en dichos rumores dejen de trabajar con la periodista por “vergüenza” al qué dirán. En el caso de las reporteras freelance,  el falso rumor puede agravarse y extenderse a otros jefes con los que pueda colaborar. De este modo, no solo perjudican su reputación y prestigio, sino que también impiden que tenga trabajo.

Y luego está lo de “las mujeres no van a las guerras”. “No hay reporteras de guerra españolas”. Falsedades para justificar el ninguneo generalizado a la mitad del sector, el femenino. En España hay hoy en día una larguísima lista de mujeres corresponsales de guerra, y quien lo niegue es que no está ahí. Que me acompañe a las trincheras y se las presento. La valiente y gran periodista Ana del Paso Gallego defiende el día 28 de enero una tesis en la Universidad Complutense sobre las reporteras españolas en zona de conflicto que así lo demuestra, con todo el peso académico que se merece.

El problema no es nuevo, pero es escandaloso y vergonzoso que siga ocurriendo en pleno siglo XXI cuando los derechos de la mujer están garantizados. Supuestamente, claro.

·      Hoy, por ejemplo. Día 26 de enero. En la página digital de El Mundo, 12 firmas masculinas, una sola nombre femenina: Marisa Soleto, con un blog que tiene por título “Ellas”.

·      En el País, de 27 firmas masculinas, 4 femeninas: Milagros Pérez Oliva, Soledad Gallego Díaz, Lola Galán y Eva Borreguero.

·      ABC, 14 hombres, 4 mujeres. Isabel San Sebastián, Edurne Uriarte, Rosa Belmonte, y Mayte Alcaraz.

·      En la Razón hay cuatro opiniones, todos hombres, y seis tribunas, con firma masculina únicamente. Ni una mujer.

·      El confidencial: 34 hombres firmando opinión, dos mujeres: Esperanza Aguirre y Aloña Fernández Larrechi.

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