DJINN

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Kitab Al Bulhan

Como es habitual me despierto con el llanto del pequeño Enam y lo amamanto antes de empezar la jornada. A diario las vecinas de mi aldea y yo caminamos en grupo durante unas tres horas para ir al manantial por agua. Sólo hasta entonces podemos limpiar la ropa, lavarnos o cocinar. Después, molemos el cereal para el pan y hervimos las verduras para la salsa. Yo me apresuro para terminar de preparar la comida antes de que vuelvan los niños. Porque siempre llegan hambrientos, pero de mis historias. Esta vez les hablaré de los djinn para que tengan cuidado, pues como ustedes ya saben, estos seres en ocasiones intentan seducirnos o hacernos bromas pesadas. Por eso cuando nosotros hablamos de los djinn nos referimos a ellos como demonios. Hay muchos tipos de djinn en África, al igual que hay muchos tipos de personas. Pero el djinn que me visita cada día parece amigable. En realidad, no me dice nada, pero tampoco me acosa, como relatan las versiones de otras gentes. Yo no he dicho nada para no asustar a los niños, por eso después de contar la historia, esperaré a que me digan si ellos también lo han visto o si ha intentado jugarles alguna treta, porque a mi de momento, mi djinn me tiene encantada.