Y FUERON FELICES PARA SIEMPRE

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Cada mañana toco a su puerta y le llevo flores. A veces tarda en abrirme una eternidad, aunque en estas circunstancias, es lo que toca. La conocí el mismo día del entierro, pues fue la primera en darme el pésame, ¡más maja ella! Fue amor a primera vista. En ese momento sólo charlamos brevemente, yo me sentía un poco fatigado por tanto ajetreo, pero quedamos de vernos al día siguiente. Desde entonces nos vemos todos los días. Me da la impresión de conocerla de toda la vida, pero la realidad es que la conozco de toda la muerte. Quién diría que morirme sería la oportunidad de mi vida. Charlamos, bebemos algo, y luego hacemos el amor como si fuera la última vez, aunque en ocasiones el ataúd se nos hace pequeño. Lo único que me preocupa en este momento es que podamos encontrar un hogar en condiciones, pues en breve, seremos tres.