VULNERABLES

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Creía ingenuamente que el hecho de vivir en una ciudad de vanguardia lo mantendría a salvo de los bombardeos. La realidad era otra muy distinta. Pasadas las doce de la noche escuchó los aviones sobrevolando la ciudad. Normalmente los aviones comerciales no se escuchan tan cerca -reflexionó inquieto-. El ruido continuó insinuando la cercanía de las turbinas cuando de pronto un estruendo estalló en medio del silencio nocturno. El pobre hombre no pudo más que preocuparse en cuáles de sus pertenencias tenía que llevar consigo, pero sobre todo a dónde debía huir. ¿Dónde hay refugio cuando la humanidad es tan vulnerable? ¿qué haría la gente que habita en lugares hostiles en esta situación? ¿y si cuando vuelva, mi casa ya no está aquí? ¿y si no puedo volver más? No había tiempo para ninguna de estas cuestiones, no lo había porque el edificio contiguo ardía en llamas, y la gente corría desesperada. Aquel hombre tenía dos opciones: dejarlo todo y huir al lado de todas esas miserables personas, o esperar la muerte sentado en la alcoba como lo había hecho hasta ahora.