JURISPRUDENCIA CASERA

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Una vez interpuesta la apelación, llamé a comparecer al acusado quien aún seguía en arresto domiciliario delante de la consola. También cité a la testigo principal y le pedí la llave del salón de juegos. “¡Pero…papáaa!”

El acusado me miró angustiado porque no había tenido tiempo de pausar el juego. Si perdía esta partida, las últimas cuatro horas habrían sido en vano. “Sólo quiero que me aclaren el incidente de esta mañana”, repliqué. Miré al acusado y después a la testigo, mientras señalaba nuevamente mi carpeta destrozada. Ambos se miraron mutuamente sin decir nada. “Entonces no habrá más videojuegos”, sentencié con fingida firmeza, al instante en que la abogada volvió gritando “¿quién quiere bizcocho de nuez?¿quién dijo yo?” Dicen que el buen juez por su casa empieza, y aunque reconozco que ésta vez tiré la toalla, habrá que seguir practicando.