GUILTY PLEASURES

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Con el invierno casi en puerta, ella recibe una caja de chocolates de alcurnia, como los definen en los anuncios de la tele. Los acepta entusiasmada, pues esos en particular, le gustan mucho, pero asegura que le durarán hasta el próximo año porque el chocolate no es algo que la desquicie. Incluso decide dejarlos a la vista apenas llegar a su habitación, puesto que no representan ninguna tentación. A los pocos minutos, opta por guardar la caja en el armario, no vaya a ser que el calor del ambiente los derrita. Entrada la noche siente un poco de frío, pero sólo un poco, y a pesar de que había comido bastante ese día, decide probar un chocolate. Busca la caja en su armario y rompe el riguroso sello que aún los envuelve. Un chocolate estaría bien para entrar en calor, y luego, poco antes de ir a dormir, extrae otro chocolate de la caja y lo devora sin remordimiento alguno. El día siguiente transcurre con normalidad hasta la hora de la comida, pues ella normalmente bebe un café como postre. Como un destello, un pensamiento iluminó su rostro. ¡Pero si aún quedan chocolates!, se alegró. Así que se dirigió al armario y extrajo un par de ellos. Al anochecer, fue invadida por una especie de ansiedad, pues comió un plato de cereales, después bebió agua, después un poco sopa caliente para aliviar el frío. ¿Y ahora qué? Faltaba mucho para ir a la cama así que habría que energizar el cuerpo y qué mejor que unos chocolates. Para entonces casi todos los chocolates habían desaparecido en medio de su inapetencia, y apenas habían transcurrido dos días.