FRAGMENTO

Aquella mañana era tan ligera como cualquier otra. Era un nuevo día traidor. Traidor era aquel aire fresco. ¿Qué ocurría durante la noche para que el aire siempre fuera nuevo por las mañanas? ¿Cuál era esa perpetua redención? ¿Y por qué los que lo respiraban no eran redimidos?

Traidora era esa luz inefable, promesa de un día perfecto, genérico, muy superior a la película que precedía. “Todo el placer de los días está en su propia mañana”.

(Tomado de “Ácido Sulfúrico” de Amélie Nothomb)