INSEPARABLES

sombra-nic3b1a.pngA sus doce meses de vida, la pequeña Anika ya camina, aunque da tumbos y se tambalea presa de la euforia que representa para ella poder moverse sobre sus dos piecitos. Anika también ha aprendido que si se cae, basta con apoyar sus diminutas manos en el suelo para levantarse y seguir sus andanzas. Nosotros somos felices testigos de todos esos aprendizajes, como el día en que descubrió su sombra. Intentaba coger la silueta oscura que se movía de la misma forma que ella. Al principio se dio por vencida muy rápido, pues se percató de que su sombra, al igual que ella, dejaba de moverse. Pero unos minutos después, el sol radiante favorecía una silueta mejor definida lo que le permitió distinguir perfectamente cómo su sombra imitaba sus movimientos. Intentó despegarla del suelo cual pegatina, hasta que el roce con el pavimento frenó su ímpetu. Después siguió andando, primero lentamente, después más rápido y dando breves saltos hasta donde la esperábamos. Ella comenzó a reír sin parar y nosotros con ella. Pero al notar cómo la que sería su amiga inseparable, había desaparecido bajo la sombra del árbol donde nos resguardábamos, aquella sonrisa, pequeña y grande a la vez, se tradujo en un inconsolable llanto.

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