PUÑO Y LETRA

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Cada día, Ernesto respondía rigurosamente a la correspondencia que llegaba a su buzón. A veces se excusaba en sus cartas, pues él pensaba que el hábito de escribir con su puño y letra todas las respuestas, era un poco anticuado. Siempre despertaba de buen humor, pero si además amanecía motivado, acompañaba sus textos con algún dibujo o viñeta. Cuando respondía mensajes con contenido publicitario, se sentía obligado a ofrecer disculpas por no poder incluir fotografías con tan buena calidad de impresión como las que el remitente se había tomado la molestia de enviarle, pero siempre adjuntaba recortes de periódico o de alguna revista para compensarlo. El otro día, por ejemplo, dejaron en su buzón un flyer* con el menú del nuevo restaurante del barrio, y de inmediato escribió para agradecer de manera muy especial lo que él consideraba una invitación formal a comer o cenar, además de que le pareció un buen detalle el haberse tomado la molestia de incluir las fotos de los platillos. En la postdata añadió que pronto les visitaría.

*Volante con publicidad que normalmente se reparte a pie de calle.
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