Cena para uno

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¿Me oyes? Repetía desde el otro lado de la línea. Como las interferencias eran constantes, yo colgaba, pero él volvía a llamar. ¿Me oyes? y de nuevo los inoportunos ruidos aullentaban su voz del auricular. Imaginaba que quería decirme algo importante, dada su insistencia. Tras cinco intentos fallidos, sólo acerté a descifrar un “no me esperes a cenar”. Yo le tomé la palabra y por si las dudas, desde hace una semana cocino solo para uno.

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