DUCHA DE CLASES

 

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En plena etapa de nostalgia por las ideologías, donde tener conciencia de clase es casi un eslogan de la mercadotecnia, donde se habla de las ideas como fugitivas o difusas, es posible darnos cuenta en los pequeños detalles, cómo se nos han quedado incrustados en el estilo de vida los estigmas del capitalismo. Lo vemos reflejado en algo tan sencillo como las duchas del invierno, las duchas de clase.

a)La ducha burguesa. Es aquella que se toma en bañera con sales y pompas de jabón. Quienes acceden a ella, no están demasiado preocupados por la escasez del agua, mucho menos por la terrible huella ecológica que implica el consumo inmoderado de combustible. Algunos usuarios de la ducha burguesa se dan el lujo, inclusive, de comprobar el principio de Arquímides y echar afuera de la bañera su volumen en agua cuando entran. Total, qué tanto es tantito.

b)La ducha proletaria. La ducha es ocasional, pero no por falta de ganas, sino porque entrar al agua helada, como está cada mañana, puede costarle la vida a cualquiera con este frío. Así que dos veces por semana una ración de gas (o electricidad en el mejor de los casos) va destinada a calentar dos cazos con agua para una ducha rápida.

c)La ducha del precariado. Inconscientemente se remoja el cuerpo para no gastar en agua, ni en electricidad, porque las facturas son muy caras. Ni pensar lo de usar el agua fría ocasionalmente, pues su condición de precario le impide enfermar, para no tener que hacer uso de las bajas médicas, porque ya se sabe, eso le puede costar el trabajo.