Brillo

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Cuando por fin despertó, sólo quedaba una estrella. Había cerrado los ojos, apretando los párpados con fuerza, como un reflejo, pensando que aquello sería pasajero. Pero no. Una a una se fueron apagando. Eran dos soledades compartidas y dos brillos que debían mantener su luz propia para no perderse en el abismo. En aquel momento algo se rompió en su mirada. Cristales líquidos salpicaron su tristeza, como esas estrellas que de la noche a la mañana se habían esfumado.