Condenados a vida

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By Steve Cutts

Los habían dado a todos por vivos por el resto de sus días. Y no era para menos. Últimamente estaba ocurriendo lo contrario, y los cementerios se llenaban un día sí, y otro también, de cadáveres con cualquier pretexto.

Mientras las agencias de viaje se iban a la ruina, las otras agencias, las funerarias, se forraban los bolsillos.

Pero la buena nueva no caló tan hondo como era de esperar. Cuando alguien recibía la noticia en la sala de un hospital, en la escuela, en el trabajo, deambulando por la calle, o simplemente al despertar, para anunciarle “usted está vivito y coleando”, los rostros se ensombrecían como cuando alguien recibe una noticia nefasta.

Condenadas a vivir las almas de los mortales, durante su paso por este mundo. No había peor tragedia que esa. Literalmente, era como estar vivo en vida. ¡Quién pensaría que semejante pleonasmo iba a ser un castigo para la humanidad!