ASÍ ACTÚAN LOS COBARDES

Octubre 22 de 2007. Agresión racista en un tren de Barcelona. Sergi Xavier M.M., de 21 años, se fijó en una mujer suramericana que viajaba sola y, sin dejar de hablar en ningún momento por el teléfono móvil, le insultó y golpeó.

Noviembre 25 de 2010. Agresión xenófoba en el metro de Bilbao. Una mujer paraguaya es insultada y golpeada por una pareja ante la indiferencia de los pasajeros.

Dos casos sonados de agresiones en el suburbano. Y nadie dice nada. Cómo podemos ser espectadores de semejantes vejaciones quedarnos callados.

Juzgo como cualquier persona que es susceptible de ser agredido. Y juzgo como cualquier persona que se llena de rabia ante una injusticia. Pero no somos impotentes, aunque la política del miedo intente convencernos de lo contrario.

Es el sentimiento ficticio de seguridad que ofrecen quienes ostentan el poder a cambio de la inocua pasividad de los ciudadanos. La seguridad a la orden del día, en los escaparates, en los anuncios publicitarios, en la información inmediata, en los discursos políticos, y las normas improvisadas.

Es la duda metódica llevada al extremismo de la paranoia. “Desconfía de todo, así te evitarás problemas y nadie saldrá perjudicado”. Y desconfiar de todo conlleva a suponer que todo implica un riesgo que es mejor no correr. Ya lo dice el refrán “los mirones son de palo”.

Y cuando aparezca de nuevo una cabeza en los diarios que hable sobre agresiones xenófobas en el metro, o cualquier tipo de agresión que podía ser evitada por los testigos, pensaremos “total eso jamás me hubiera ocurrido a mí”.

El silencio es el camino más corto hacia nuestras tumbas. Así actúan los cobardes.

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