SILENCIOS

Silencio I

Me interrogas hasta que te hablan mis silencios de esta ausencia. No es que no tengamos qué decirnos. Necesito guarecerme en la inútil cotidianeidad, de las atrocidades del mundo que la mente no cesa de desenmarañar. Disimulo así que las preocupaciones por lo que pasa ahí afuera no nos persiguen, por lo menos mientras estás aquí. Es una inocente excusa, lo sé. Lo cierto es que no me basto para hablar sobre lo que transcurre como fragmentos de una película a la que cada quien le pone la ficción que le place. Es más ruin eso que callarnos, que callarme, también lo sé.

Reviso este hatajo de información o desinformación y no puedo menos que asustarme, por ser portavoces de algo que no está dicho, y que dicho, merece que sea escuchado. No es presunción atribuirnos esta acuciosa responsabilidad, aunque siempre volvamos a las respuestas elementales, elaboradas con o sin rebuscamientos sobre la guerra, el hambre, el abandono, la pobreza, la enfermedad, la muerte. Las escenas se barajan cada vez con más cinismo, anatema casi simbiótico por el que el maestro arremete que los cínicos no sirven para este oficio. Servicio y oficio, la dualidad reservada para quienes deseen disponer sus sentidos a fin de anunciar que no es el vaticinio de la calamidad lo que sostiene al periodismo. Si lo sabrás tu.

Silencio II

Hay gritos en la calle, barullo de ciudad a las dos de la mañana. Las risas y conversaciones de los otros traspasan igual las paredes de este claustro que es la habitación. La brisa ingente que me imagino expulsada del ventilador, es insuficiente para sofocar el calor, de por sí asfixiante, menos para aplacar la humedad que se adhiere al cuerpo como un sauna incluido. Advierto cómo desde algún lugar de este sitio en el que no estoy, sigo aguardando la noticia que nunca llega, la noticia secuestrada. Tampoco es diferente de la que alguna vez hemos esperado todos.

En eso pienso mientras te observo. ¿Has notado lo mucho que me gusta observarte? sobre todo observar tus gestos, tu mirada, y tu rostro dormido. Es el semblante de quien vive inquieto y se ciñe tranquilo al sopor, aunque la almohada nos siga hablando de las decepciones de los días. Desde luego, confío en que despertemos, si no juntos, por lo menos pronto, a algo grande. Confío en ti. Siempre he creído más en los proyectos que podamos hacer por separado porque así lo hemos demostrado. Entre nuestras complicidades –tácitas y hasta subcutáneas- no se incluye la capacidad de trabajar en equipo. De cualquier manera, solo espero que seas y seamos ya, dueños de la voluntad que nos inspire ya no a esperar, sino a buscar esa noticia secuestrada. Habla con los años de la recompensa.

Silencio III

Vivimos de sorpresas y preguntas para cernir la humanidad que somos, así que el día que en nuestras frases ya no haya signos de interrogación o exclamación, habremos expirado. Si el punto es el universo más pequeño, nos queda por desgranar un infinito, para comprender, explicar, denunciar, contemplar lo que en él ocurre.

Contemplar…nunca está de más hartarnos de las emociones que inspira atender a la belleza y al horror, aunque la primera emborrache hasta el vicio y el segundo no haga más que provocarnos náuseas. Si callamos para contemplar, que por algo es la capacidad de sorprendernos lo que nos hace estar vivos, es hora también, de que guardemos silencio.

***

A veces creo
Que pensar como pensamos
Nos hace menos que felices
Nos vuelve desahuciados
Cuando hurgamos
hasta el intestino y el tuétano
la realidad presente
en la alquimia de verdades
O si exprimimos la historia
para explicarnos
a dónde y por dónde vamos
y cómo llegamos hasta aquí,
Y mientras nos alegramos
Por poder estar aún tristes
Soportando esta existencia
Lacerante de por sí
Nos queda la locura
o según Flaubert
revolcarnos en la orgía perpetua
que es la literatura.

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